La última foto de abajo es la fachada de un restaurante que se presenta como "CAMBAO TODO PESCAO" ! Lo mejor de la Costa !. Ubicado en la avenida Miranda oeste, urbanización La Romana, número 7, Maracay, llegando a la entrada de "23 de Enero ". Teléfono (0243) 5513050.
domingo, 28 de diciembre de 2008
Más de Maracay.
La última foto de abajo es la fachada de un restaurante que se presenta como "CAMBAO TODO PESCAO" ! Lo mejor de la Costa !. Ubicado en la avenida Miranda oeste, urbanización La Romana, número 7, Maracay, llegando a la entrada de "23 de Enero ". Teléfono (0243) 5513050.
sábado, 1 de noviembre de 2008
No gracias, no fumo.

miércoles, 8 de octubre de 2008
Lenguaje para la infidelidad.

martes, 7 de octubre de 2008
Doblez.

sábado, 4 de octubre de 2008
BATE, PELOTA Y HASTA GUANTE. (2)

Pero hoy, brevemente, quiero añadirle algunas cosas de esas que no son recogidas por la tradición o son simplemente ignoradas porque no se les atribuye ningún valor. ¡Y mire que si lo tienen!
Y es que la imposición de las reglas del “maleta” – además de tener que tratarlo como una dama, no contrariarlo, etc. - también tenía sus excepciones, muchas de las cuales en un solo día rebasaban con creces largas caimaneras de la dictadura instrumental del dueño: a) En alguna ocasión hubo alguien que le dijo a la brava que pusiera los “corotos” y se quedara en el banco, y “si te quieres ir vete y anda a llórale a tu mamá, pero el bate y la pelota se quedan, y si te molestas no vengas pá esta vaina más nunca o te molemos a coñazos…”; b) Alguien argumentó que “…tú pones bate y pelota pero nosotros somos los peloteros para hacer la partida, de modo que todos nos necesitamos y entonces acepta lo que te pongan o no te pongan a hacer, o agarra tu vaina y te la …”; c) Es seguro que en otras ocasiones se haya optado por jugar con pelota de goma y de bate cualquier palo y “ ¡ al carajo con tus peroles…!”.; d) Una que otra tarde debió aparecer otro muchacho de otra zona de la ciudad (normalmente era otro “maleta”), también con guante, pelota y bate, que él mismo pedía que no lo metieran por cualquier razón o lo metieran después, y es hasta posible que no quisiera jugar ni aún insistiéndole; y e) es factible que en navidad a alguien le cayese de niño Jesús un guante y a otro una pelota, y por un tiempito no hubiese necesidad de los implementos del “maleta” (este sí los tenía siempre renovados).
Basta con estas cinco opciones pero creo que hubo otras más. Lo cierto, eso sí, es que nunca el dueño cambiaba de posición por el dominio del bate y la pelota. Pero las caimaneras, buenas hasta el final, no se detenían por eso. Siempre hay recursos para cambiar las cosas y hacerlas mejor.
BATE, PELOTA Y HASTA GUANTE.

Si el dueño era un buen pelotero no había problemas. O sea, estaba coronado. Pero el destino tiene establecido como inexorable que el dueño siempre es un “maleta”(casi siempre era un gordito que fildeaba lo que llamaban “tapapollo” y no bateaba “ni con la puerta de una iglesia”). Entonces, el tipo tenía que jugar ajuro y si por cualquier causa se molestaba y se llevaba sus macundales, ¡zas ¡ se acababa la partida. Las partidas devenían así en un arte de negociación porque había que colocarlo donde menos entorpeciera el duelo de cada tarde. Y era un duelo porque los equipos se escogían mediante el sistema de “pares o nones” o “piedra, papel y tijera”, de suerte que el que ganaba esta primera parte escogía primero y luego venía el otro y así sucesivamente, sistema éste que garantizaba que se empezara por los mejores y se terminara por los peores, figurando entre estos el maleta. Al maleta no le importaba esto porque su interés estaba en figurar entre los nueve alineados, ocupando generalmente el raifil (right field) porque por allí casi nadie bateaba), o de doblequècher (en realidad no había cátcher sino alguien encargado de recoger la bola lanzada “bombita”, ni tampoco valía el robo de base), de modo que prácticamente no hacía nada importante, o bien de pitcher que se limitaba a “ponerla” para que el contrario bateara (lo contrario de ponerla “bombita” era lo que llamábamos “arrequintao”, pero eso sí era un juego de béisbol y no las caimaneras a que me estoy refiriendo. Y en cuanto a batear, obvio es decir que el maleta era noveno bate u octavo, si acaso hacía falta algún disimulo.
Malo era cuando esas partidas estaban cerradas y entonces llegaba el turno al bate del “maleta”, porque se buscaba sutilmente que permitiera un cambio y el tipo rara vez accedía. En tal caso bateaba y punto, digo yo que había que sacrificar algo por la continuación de la partida. (Tampoco nos pongamos extremistas y aceptemos que de vez en cuando al maleta se le ponía a jugar segunda base o se le bregaba para que diera un “hitcito”, que hay quienes lo llaman un “podrío”).
Todas las partidas de cada tarde eran una angustia. Uno tenía que ligar que el “maleta” – dueño y señor de la caimanera de cada tarde, el único que tenía todos los instrumentos de juego, de marca, siempre nuevecitos – no se lesionara, no le diera dolor de barriga o lo viniera a buscar la mamá para hacer la tarea, porque entonces el juego quedaba colorín colorao.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Margarita selvática
domingo, 28 de septiembre de 2008
Margarita: Entre la belleza y la fealdad.
Llegar a Coche y contemplar aquellas playas, recorrer la isla y ver sus instalaciones hoteleras es maravilloso. Pero para acceder a Coche tienen que embarcarse en este terminal. No es posible que haya tanto conraste. No es posible que el turista n sea considerado como un ser humano.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Los mugrientos alcaldes de Margarita.
LA PARTE OCCIDENTAL DE MARGARITA.
Como siempre, cuando visito Margarita, me doy un paseo por la parte occidental de la isla, que es la península de Macanao.
Lo mismo que se ha hecho en su parte oriental no ha llegado hasta allí. Y no lo llamo el “progreso” ni la bonanza ni nada por el estilo. Me refiero, simplemente, a una forma de vida que en alguna forma es mejor, aún cuando no podamos decir que es óptima o cuando menos, buena.
Recorrer la parte occidental de Margarita, sin entrar por supuesto hacia el interior, es decir, solo bordeándola, lleva casi dos horas, incluyendo breves paradas en Boca del Río, Barrancas, El Manglillo, Punta Arenas, Boca de Pozo, Robledal y La Auyama.
Tal como lo refleja la foto en El Manglillo, así puede constatarse en casi toda esa parte de la isla. Unos poquísimos desarrollos turísticos aislados existen. La carretera es muy buena.
No sé hasta qué punto puede hablarse bien de los servicios públicos básicos, pero en líneas generales se aprecia un evidente estado de pobreza, a veces de abandono.
Así que, en conclusión, cualquier referencia a lo que mucha gente encuentra de maravilloso en Margarita, no es extensible a su parte occidental.
jueves, 25 de septiembre de 2008
¿ Qué significa Margarita ?
domingo, 14 de septiembre de 2008
Viendo el deporte desde la política o viceversa.

Converso con un amigo que se afana por encontrar en el béisbol de grandes ligas pruebas fehacientes de otra forma de descomposición social en nuestro país.
Dice que en muchos hogares venezolanos, sobretodo en los que carecen de recursos para enviar a sus hijos a la educación superior, la ilusión de hacerlos grandes ligas se ha convertido en una meta por la que se hace cualquier esfuerzo. O también - según alega - en una forma de sacarlos al exterior donde hay más oportunidades que aquí.
Creo que hay elementos para la discusión e, inclusive, para preocuparse razonablemente, pero sin ese sentido catastrófico. Observamos que se ha venido produciendo una masificación de peloteros venezolanos sobretodo en Estados Unidos, pero también los hay en Japón, México y algunos paises europeos.
Y no solo peloteros de alto nivel (grandes ligas), sino que ello abarca todas las categorías. Se observa asimismo que hay un grupo importante de jóvenes que ya desde lo 15 años se están comprometiendo contractualmente para ingresar a equipos norteamericanos. La presencia se ha hecho extensiva a puestos de dirección y asesoría.
Muchos de esos peloteros ya no empiezan por jugar en nuestra pelota rentada sino que su vida profesional comienza y termina en el norte. Y ni se diga de los ya consagrados, a quienes se prohibe en su gran mayoría participar en el béisbol venezolano.
Algunos, con tendencia creo yo que a aumentar cada vez más, están adoptando otra nacionalidad, preferiblemente la estadounidense.
(Toda esa situación incide directamente no solo en la calidad de la pelota venezolana que se ve privada de sus mejores exponentes, sino en algo más grave, como lo es el fraude, aceptado legalmente, que se comete año tras año, mediante el cual el equipo que representa a Venezuela en la Serie del Caribe no es en modo alguno el mismo que ganó la temporada regular. Prácticamente, lo que se hace es una selección de los perdedores, puesto que en cada equipo triunfador las estrellas no pueden participar en la serie caribeña.)
Sin mayores profundizaciones por el momento, creo que en la discusión sobre este tema, entra en juego el derecho constitucional del venezolano a tener un deporte de alta calidad, el tema de la fuga de talentos, el excesivo mercantilismo del deporte, la mejor organización y planificación deportiva en nuestra nación, en fin, asuntos que van mucho más allá de lo que suele interesar a casi todo el mundo.
sábado, 13 de septiembre de 2008
29.59

viernes, 12 de septiembre de 2008
María Luisa será ahora menos indiferente.

martes, 9 de septiembre de 2008
Maracay y sus espacios cálidos.

domingo, 31 de agosto de 2008
Así es el turismo. Denuncia.
martes, 19 de agosto de 2008
¿ Son necesarias las vacaciones judiciales ?
Una asociación o fundación llamada creo que "Justicia Libre", ha colocado en televisión unos espacios de protesta por las vacaciones judiciales, bajo la creencia que ese mes de inactividad judicial del 15 de agosto al 15 de septiembre, incide en el rendimiento del sistema judicial.
Me parece que sus directivos, creo que bien intencionados, no tienen mucha experiencia en esta materia. En primer lugar, ese mes de vacaciones es la única forma de la que disponemos los abogados litigantes para nuestro descanso. Cuando llega ese periodo estamos,exhaustos, agotados, ya no podemos más y lo vemos como una gracia divina.
En segundo lugar - y esto es lo más importante - no es con más tiempo de trabajo como se resuelve este problema. La solución es relativamente fácil: 1) Crear más, muchos más tribunales, dejando atrás la creencia que esto es una pérdida de dinero, cuando en realidad es inversión social.2) Deslastrar la justicia de tantas formalidades y "papeleo" inútil, concentrando las sentencias en su verdadero componente decisor; 3) establecer una justicia disciplinaria efectiva para quienes ocupan los tribunales sin necesidad, abandonan las causas, etc.; 3) jueces autónomos, con experiencia, respetando escalafones, etc. Por ahí va la cosa.
sábado, 16 de agosto de 2008
(15) El deporte en un país campamento.

Los venezolanos suelen expresar esos ideales cuando ven triunfar a sus peloteros en las “grandes ligas” del béisbol norteamericano, a un futbolista en las ligas europeas o a un boxeador.
Y ahí termina el sueño nacionalista.
El deporte debe ser necesariamente un ingrediente de la identidad nacional. Pero ¿porqué?. Porque el deporte supone constancia, superación, disciplina y autoestima. Implica largas jornadas de meditación y de concentración. Requiere de normas adecuadas de alimentación y de abstención de conductas negativas (adición a bebidas o al cigarrillo, por solo decir una). Se forma así un ser humano apto para cualquier objetivo social y se convierte en ejemplo para otros ciudadanos.
Y ¿ esto tiene algún otro valor ¿. Sí, pongamos uno meramente material.
Lo que el Estado invierte en formar atletas es mucho menor que lo que tendrá que invertir en hospitales para quienes no traten de cumplir con un mínimo de esa condición.
Y el aporte del atleta a la sociedad es siempre más eficaz en todo sentido de quienes no lo son.
Por añadidura, una vez que se forman esos atletas se les envía a competir en determinados juegos, en competencia, que vienen a ser una exposición o muestra de lo que un país ha hecho por el bienestar e sus ciudadanos.
Ese es el sentido de esas competencias.
Que se consigan buenos exponentes deportivos aislados, que se compita por competir, que una persona cumpla con esas metas solo para lucrarse o que se improvise el envío de atletas sin el conjunto de valores antedichos, no es precisamente un componente de un ideario nacionalista.
Por eso están allí los resultados deportivos venezolanos de vieja data.
Solo el deporte concebido en tan amplios términos y objetivos sociales, cultura, educación, salud, disciplina, etc. tiene un valor nacionalista.
martes, 12 de agosto de 2008
(13). País campamento: Nadie oye ni nadie protesta por eso.

El Estado no oye adecuadamente a los ciudadanos que quieren aportar algo en cualquier campo del conocimiento. Y los ciudadanos, aún teniendo mecanismos legales para ser oídos, no logran que eso se haga.
Fíjense que señalé que no nos oye adecuadamente. Eso quiere decir que no nos oye a todos, que oye selectivamente, que oye lo que cree que le interesa y, sobretodo, oye a quienes saltando barreras y haciendo esfuerzos titánicos se imponen.
Una nación de verdad oye a todos sus hijos; es más, sale a buscarlos bajo la seguridad que hallará a alguien para cualquier actividad.
El Estado no nos oye porque jamás ha creado mecanismos para ello, formas de participación completas, abiertas, ilimitadas.
Se enuncia, eso sí, en pomposos principios y magníficos textos legales, la idea de la participación del ciudadano en el destino de su país en el campo del conocimiento. Pero no hay mecanismos sencillos, espacios abiertos, formas de búsqueda, imaginación, interés, inversión, esperanza, tolerancia, instrucción, estímulo, para que eso sea una expresión masiva de la colectividad.
Y en la agenda de casi todo ciudadano no figura pedir, o en su lugar protestar, y más enérgicamente confrontarse, para buscar espacios para la construcción de su país en los campos del conocimiento.
Concluimos, entonces, que una nación no se puede formar sin una comunicación adecuada entre los ciudadanos y el Estado, y entre los ciudadanos entre sí.
Cuesta aceptarlo, pero también en eso hay evidencia que vivimos en un campamento con reglas mínimas de convivencia, donde el destino se deja al azar.
viernes, 8 de agosto de 2008
(12) Todo lo que se escribe dentro del campamento.

Cierto día me encontraba haciendo una diligencia personal en una oficina de una Universidad experimental venezolana. Había en ella, a pesar de su gran dimensión, apenas el espacio para un escritorio y dos sillas. Estaba repleta hasta media pared de ¡tesis de grados ¡ para su revisión.
Enlacé esa visión con algo que me dijo un abogado de larga experiencia docente muchos años atrás: que le había tocado examinar muchas tesis de post grado en ciudades que no tenían una tradición jurídica muy grande y había encontrado obras que valía la pena publicar.
Atando todos esos cabos, preguntando aquí y allá, sumando experiencias personales, teniendo en cuenta datos que he obtenido del ejercicio de mi profesión de abogado, etc. creo tener una base suficiente como para hacer una indagación a fondo en este sentido.
Y es sobre la base que nuestro país debe tener un caudal inmenso de aportes individuales o colectivos en todas las profesiones científicas, humanísticas, técnicas, etc. de las cuales apenas se conoce, publica y difunde un mínimo porcentaje.
Siendo sinceros, debemos reconocer que el requisito de las tesis de grado y similares, si bien son concebidas con un propósito muy constructivo, son tenidas en la realidad como un mero trámite académico para obtener un grado más alto en jerarquía o escalafón, lo que, a su vez, se traduce en mejores ingresos. De allí no pasan.
Con toda seguridad debe haber centenares de miles de obras en todo el país y en todas las ramas del conocimiento, algunas de las cuales podrán ser excelentes, otras buenas, quizás la mayoría requiera de ampliaciones o rectificaciones, pero todas, seguro que sí, podrían constituir inmensos aportes al saber y ,por tanto, al desarrollo nacional.
No existe un centro ni una inteligencia que las acopie, les haga seguimiento, localice a sus autores y los estimule a profundizar o corregir.
Es inimaginable el patrimonio perdido, deshaciéndose en rincones de quién sabe dónde.
Porque un país que vive como si estuviese en un campamento, de tránsito, carece de amor propio.
miércoles, 6 de agosto de 2008
(11) País campamento o país sin proyecto.

Bajo requisitos muy estrictos invoco en mis escritos (acciones ante los tribunales, dictámenes, sentencias y columnas de articulista) la opinión de otras personas o de interpretaciones legales hechas por otros o de precedentes jurisprudenciales. Estoy casi absolutamente bloqueado en eso. Excepcionalmente lo hago y no vienen al caso las razones de eso.
Esta vez lo hago bajo la excepcional situación de encontrar una especie una prueba de lo que he venido señalando en estas entregas, bien estructurada, producida por un hombre con una vasta experiencia política, social y jurídica; sin atisbo de mezquindad ni de propósitos malsanos. De sus líneas surge, más bien, como un clamor de una situación que muchos venezolanos logramos ver pero que no tenemos formas de controlar, ni hacer mucho por revertir.
En la edición del diario “El Nacional” del martes 05 de agosto de 2008, el Dr. Ramón Escovar Salom, bajo el título de “El proyecto nacional”, señala que nosotros no tenemos un proyecto de nación, lo que se evidencia de: 1º) la desaparición de las instituciones, que en mi caso personal sería su “no desarrollo”, pues desde 1958 a hoy, que son los años en que he tenido madurez en el acceso al conocimiento y a la realidad, nunca vi instituciones sólidas. Tal vez el Dr. Escovar sí tuvo oportunidad de vivirlas; y 2º) la idea de que el progreso se mide por la riqueza del país y su explotación descuidando al ser humano, al hombre.
Convengo en que no tenemos un proyecto en el sentido de formulación de un país en el tiempo, es decir, mirando hacia el porvenir, más allá de la instrumentación de un plan a corto plazo.
Vale decir, según mi interpretación de lo que es el asentamiento de nuestro grupo humano en este territorio, que siempre parece que estamos de tránsito hacia otro lugar, que algunos se resignan a vivir en el campamento porque no encuentran forma de salir de él y que otros, en fin, lo usan para sus propios fines y cuando pueden se van. Eso implica carencia de instituciones y más bien genera reglas frágiles para sustentar solo un mínimo de convivencia.
martes, 5 de agosto de 2008
(10) La justicia en un país campamento.

En un país con profundo sentido o sentimiento nacionalista, que ya quedó claro que no son todas esas actitudes febriles o teatrales de gritos y consignas, la justicia es el medio esencial para preservarlo. Los jueces son los grandes orfebres de una verdadera nación, de un asentamiento humano en un territorio donde sus ciudadanos están unidos por verdaderos lazos garantistas de su destino.
La justicia en los campamentos no es finalista. Se limita a dirimir controversias mientras dura la ocupación del territorio, en términos suficientes para garantizar que cada quien haga lo que vino a hacer o lo que quiere hacer. Por consiguiente, los jueces no son sino simples funcionarios que dirimen controversias. La justicia es así inmediata, superficial, desalmada.
La justicia de una verdadera nación está enfocada en grandes propósitos: el ser humano, sus espacios vitales, su aporte al todo, sus necesidades y la garantía de su condición de ciudadano. Los jueces aquí son profundamente reflexivos, pues tienen que preservar el equilibrio social y la necesidad de la sociedad de estar fuerte ante cualquier contingencia. Los jueces están en la obligación de mantener vivas las expectativas de todo el conglomerado social. Son su garantía. Son su instrumento esencial de supervivencia.
En una auténtica nación todo reposa en la sanidad y sabiduría de sus jueces. Y se les respeta. Sus decisiones, buenas o malas, tienen siempre el signo de que fueron tomadas para preservar las instituciones. Los yerros pueden corregirse y el sistema se supera.
Los jueces nuestros ya no pueden hacer nada mejor. Nunca antes tampoco lo hicieron a cabalidad, pero había algunas luces.
Algún día tendremos que empezar de nuevo.
domingo, 3 de agosto de 2008
¿Violencia contra la mujer o manipulación ?

viernes, 1 de agosto de 2008
(07) País campamento o empresa.

Seguramente es repugnante decir que un país es una empresa. Porque esa literatura y esos discursos baratos que nunca abandonamos, privilegian la exaltación de valores empalagosos, de frases de ocasión, de expresiones para subir el ánimo por un ratico.
Pero nada de eso es patria, ni nación, ni sentimiento nacionalista.
Una nación es una empresa, sí, una empresa, un conjunto de seres humanos que producen bienes y servicios, materiales o espirituales, para causar bienestar colectivo.
El bienestar colectivo crea una mística nacionalista por ser todos eficientes, por sacarle el mayor provecho posible a los recursos de que se dispone.
En esa organización de recursos humanos y económicos entran los servidores públicos cuyo objetivo es aprovechar el tiempo, facilitar los trámites, ahorrar bienes y energía, preparar a sus jóvenes, conceder prioridad a los méritos, cuidar los recursos que se tienen y atender correctamente a cada ciudadano en toda función legalmente establecida.
El servidor público es un factor de la empresa, una pieza de ella. Ese es el verdadero sentimiento nacionalista, ser parte útil de esa empresa.
La experiencia de nuestro país es, generalmente, la de funcionarios públicos, es decir, personas que ocupan un cargo público sin mayores pretensiones que la de que se haga lo que forzosamente hay que hacer, salga como salga, y mediante una actividad que le produce su sustento.
No tenemos el arraigo, el sentimiento generalizado de servidores públicos, es decir, de empresarios que construyen un país de verdad. Esto es, de un aparato que trabaja a toda su capacidad para que haya bienestar colectivo.
En los campamentos, dado que los domina el sentido de la provisionalidad, el objetivo es resolver las necesidades mínimas de convivencia. Y nada más. Es esto lo que no queremos abandonar. Pero tendremos que hacerlo.
jueves, 31 de julio de 2008
(07) Otra vertiente del país campamento.
Pensando en todos los aspectos demostrativos de este grupo de personas que sin coherencia importante ocupamos este territorio, llega el día de la graduación de bachiller de mi hijo.
Allí, en el auditorio, entre formalidades y aplausos, aprovecho para seguir tejiendo estas reflexiones.
Veo desfilar ante mis ojos 107 jóvenes venezolanos. Mientras se acercan a recibir sus respectivos títulos, se anuncia por el micrófono qué estudios universitarios seguirán y dónde, seguido de un breve pensamiento que cada uno de ellos ha escrito.
Se han formado en un colegio exigente, de alta calidad docente y con recursos de todo tipo, por lo que bien puede pensarse que vienen a ser, sí, cuesta decirlo, tal vez sea doloroso admitirlo pero es la verdad, vienen a ser, repito, una elite en la educación nacional.
Me pregunto si a ese nivel de ellos hay claridad y conciencia de que no tienen en verdad una nación, que no pertenecen a una comunidad organizada que tiene sus propias estrategias, que no forman un grupo humano de diverso origen, costumbres y educación que convergen en un espacio territorial para fomentar y sostener, digamos que una empresa (y volveremos sobre esto en la próxima entrega) que es su país, su nación, en la que todos tienen que ver con todos y forman parte de un todo.
Al final, el número uno en promedio académico da un breve discurso sin ataduras conceptuales, sin cadenas formales, descarnado, preciso, cortante, especie de aguijonazo que debe llamar a reflexión a las autoridades docentes de ese plantel de primera línea (hermanos Maristas), en el que invoca la amistad y la buena relación que tuvieron, pero denuncia en forma vehemente que también cometieron el pecado de aislarse en muchos grupos que no solo no se comunicaban entre sí, sino que llegaban hasta la crítica malsana.
Sumado eso a los pensamientos individuales que cada uno sembró en la hoja protocolar, compruebo, sin duda alguna, que les espera un porvenir personal inmenso, que serán triunfadores en fábricas, clínicas y bufetes; que muchos estarán en la dirección de grupos o sectores de poder, tal vez ocupen altos destinos públicos, pero que llevan en su haber la carencia de no haber sido formados bajo un concepto de nación.
Será otro aprendizaje que tendrán que afrontar, al igual que cualquier joven venezolano.
martes, 29 de julio de 2008
(06) Un país campamento formado desde la Constitución Nacional.

Cuando nos referimos a un país campamento, apropiándonos, como dijimos en la primera entrega de este blog de una expresión de Cabrujas, queremos expresar que, generalmente, los venezolanos somos un grupo de personas que ocupamos un territorio y que tenemos leyes e identidad solo para fines de orden y seguridad. Y las tenemos y tendremos mientras ocupemos ese territorio. Pero nada más.
Pero no somos un solo país, no tenemos un “modo de ser venezolano”, no estamos cohesionados a través de unos valores mayoritariamente aceptados. (si ud. no lo acepta, indíqueme uno)
Un “sentimiento nacionalista” o “identidad nacional” pasa forzosamente por la necesidad de aceptación de todos sus componentes internos, sea cual sea su origen, su raza, su religión o cualquier otro factor que pueda distinguirnos. Es lo que más se corresponde con la vida misma.
Refiriéndonos al menos a los últimos 50 años, podemos ver que en Venezuela, si bien se garantizaba la libertad de cultos, se establecía constitucionalmente la religión católica. Había capítulos que tendían a proteger a grupos en desventaja, como los indígenas, pero tal vez ello obedecía a la circunstancia o necesidad histórica de evitar que fuesen discriminados. La previsión constitucional que favorecía a los naturales de España y a los países liberados por Simón Bolívar no era discriminatoria, sino que estaba en sintonía con la idea de preservar los vínculos de pueblos nacidos de una misma gesta libertadora y de quienes poblaron estas tierras y trajeron sus instituciones.
En fin, bajo estos tres ejemplos, aún cuando contienen un criterio de diferenciación entre venezolanos, no presentaban una ruptura o no tan grave hacia nuestro interior, hacia nosotros mismos.
Más, indudablemente, seguía pendiente el proceso de integración total, desde el cual se podían crear valores nacionalistas como deben ser.
La Constitución de 1999 ( por la cual voté sin haber alcanzado a madurar toas sus normas, en especial las relativas al tema que estoy tratando, quizás muy orientado por la parte de la justicia, que me pareció muy buena) , en cambio, viene a propiciar la fractura de esa venezolanidad precaria que de por sí existía. En lugar de reforzar y ser más intensa en cuanto a crear una integración como punto de partida, vino a establecer legalmente unos pueblos separados del resto del país, hasta el punto que tienen derecho a suministrar tres (3) diputados propios a la Asamblea Nacional, tal como si fueran representantes de enclaves dentro de un territorio. La necesidad apuntaba, por el contrario, a su derecho a vivir y estar en todo el país como ciudadanos de él, convivir como siempre lo habían hecho donde quisieran y ligarse e integrarse en una sola nación.
De esa ruptura ha pasado a favorecerse, legitimarse , apoyarse y apuntalarse una nueva vertiente, que es la “afrodescendencia”, como si acaso, en todo el país, de punta a punta y por los cuatro costados esa integración entre negros, blancos e indígenas no esté bien cimentada, no produce fricciones y casi nunca es motivo de mayores complicaciones. El sentimiento nacionalista requería y requiere de no amparar constitucionalmente estas fracturas. Por allí también se ha construido el campamento en que solo las circunstancias territoriales justifican la convivencia de sus integrantes.
domingo, 27 de julio de 2008
(05). Replanteando lo del país campamento.

Confieso que estoy tratando de explicarme en este tema con cierta desesperación. Como con una necesidad urgente que alguien comprenda lo que ya una cierta madurez me viene diciendo a gritos. Y con el ánimo de contactar a quienes pueden estar en la misma onda, desde gente culta, inteligente y ávida de expresarse, hasta quienes puedan estar más limitados en ese sentido. El objetivo es hacer algo por nosotros mismos.
Hago un alto en la secuencia que llevaba en la materia, para detenerme a examinar y expresar algunas cosas respecto de las respuestas que se me han enviado por algunos lectores del blog.
Replanteo que cuando me refiero a un “sentimiento nacionalista” no me interesa para nada a aquellos que se agrupan con uniformes o vestimentas de cualquier tipo, y lanzan frases pegajosas o entonan cancioncitas. Nada que ver con un orgullo que parece ebriedad, ni especies de cofradías de los que se creen mejores. Nada de invocar hazañas bélicas ni deportivas. Ni hablar de patria como un emblema o un cascarón, sin saber lo que tiene adentro. Nada.
Cuando me refiero a “sentimiento nacionalista” (nacionalismo, identidad nacional, etc.) invoco algo más humano, real, verdadero. Incluso con mucho de cotidianidad, de necesidades de todo tipo.
Al final lo expresaremos en una idea que trataré que sea muy ilustrativa de lo que quiero señalar. Debemos, eso sí, empezar por las ideas que nos llevarán hasta allá.
Por ahora, basta decir que una nación que se ama a sí misma, no puede limitarse a un asentamiento humano en un territorio en el que parece que muchos están de paso. Ese asentamiento humano tiene que ser una organización que defiende los principios éticos que ha diseñado en su experiencia, que produce (o va atrás esa meta) desde cosas elementales para vivir y hasta para vivir mejor, que protege a sus ciudadanos, que crea normas para todo tipo de relación, que educa, que se prepara para la adversidad en forma adecuada, que favorece el trabajo y la cultura, etc.
Eso es lo que, en verdad, es nacionalismo. Casi un sentimiento elemental de preservación de lo propio. Y por ahí nunca hemos transitado en toda su dimensión.
En la próxima entrega les obsequio el reto de una prueba.
sábado, 26 de julio de 2008
(04) País campamento. Todo es a base de educación.

Todo acto de la autoridad destinado a crear sentimientos y actitudes nacionalistas debe oír, ver, digamos palpar a toda la comunidad y luego elaborar un sistemático plan para preservar los valores positivos, mejorar los que tienen deficiencias y corregir o eliminar los vicios y deformaciones.
Al ciudadano, a las comunidades, a las organizaciones, se les explica, se les informa y se discute con todos ellos. Nada se le impone. Se les ofrecen alternativas y se escoge la más adecuada, la cual se va moldeando en la práctica. La persuasión es el arma.
En este campo de la educación para formar el sentimiento nacional más blindado, sin prejuicios, sin enlatados, sin prefabricaciones, se podrían poner miles de ejemplos. Escojo uno como el más emblemático. El caso de Radio Caracas Televisión.
No podemos decir, en verdad, que éste fue un canal de televisión muy provechoso, de calidad, pero la población lo veía. La población lo ve conforme a la educación que tiene.
Vencido el lapso de la concesión, el gobierno tuvo una oportunidad de oro, única, extraordinaria, para poner en marcha un incipiente plan de educación nacional. Renovarle la licencia bajo la condición de mejorar progresivamente su calidad, ciñéndose a la ley.
Pero no. El gobierno optó por negar la renovación y perder así unas herramientas, equipo humano, etc., sustituyéndolo por una televisora que no tiene un diseño apropiado para las circunstancias y que ha terminado por tratar de imitar parcialmente el espacio que quedó atrás.
La creación de una vocación por defender ese “modo ser venezolano” que aún está pendiente, es obra de un proceso educativo, que por lo demás, en democracia y en pluralidad de opiniones, es mejor.
viernes, 25 de julio de 2008
(03) País campamento: Cómo se garantiza la identidad nacional.

La respuesta es simple. Solo a través de la ley. Porque a ley no es otra cosa que reglas de convivencia social dentro de objetivos trazados en una Constitución, es decir, normas para forjar ese “modo de ser nacionalista”, normas para crear la identidad y preservarla.
Y ahora lo amargo: Los venezolanos, en líneas generales, somos sistemáticamente trasgresores de la ley, por lo que forzosamente debemos concluir que actuamos y convivimos con objetivos, buenos o malos (no es el caso determinarlo en este momento), que se apartan de un modo de ser nacionalista, de una identidad nacional.
Las trasgresiones las cometen quienes diseñan las leyes y quienes están encargados de su vigilancia y observación. Las comete hasta el ciudadano que viva en el sitio más apartado del territorio. Es decir, provienen de todo nivel, aunque en todo nivel haya también quienes las respetan y las hagan cumplir. En este país residual radica la precaria estabilidad de las instituciones.
Es inoficioso, innecesario, inútil, descender a la calificación y demostración detallada de esa trasgresión (pero puedo explicarla donde quiera que sea). La Constitución, las leyes, reglamentos, ordenanzas, etc. son casi siempre letras muertas. Su precaria observancia o es coercitiva o se da porque es inevitable. Basta con un solo ejemplo: la ley más elemental de la convivencia social es la que regula la propiedad horizontal y esa no la cumplen la mayoría de los condominios, sus administradores nada pueden hacer para defenderlas y los jueces no las conocen.
Desde tiempos inmemoriales hemos oído decir al común de los ciudadanos que en Venezuela hay buenas leyes pero no se cumplen. Todo se resume en una especie de sentencia: “aquí las leyes no se cumplen”. Y es porque se piensa que las autoridades de cualquier tipo no las hacen cumplir.
Y eso es falso. La realidad es que somos nosotros quienes no cumplimos las leyes, para lo cual no necesitamos guías ni que nos obliguen. Esta sencilla verdad es de una exactitud asombrosa.
Y para eso hay que empezar por la educación. Y esta ¿ de dónde parte ?.
jueves, 24 de julio de 2008
(02) País campamento. ¿ Porqué un sentimiento nacionalista ?

En realidad, esas podrían ser expresiones periféricas del nacionalismo, digamos más bien, ramificaciones de él, especie de factores en los que se diluye su centro de gravedad.
No lo veo así. Y siento, con toda la sinceridad del mundo, que jamás hemos tenido gobiernos, organismos, partidos o cualquier otra expresión social, que haya concebido y propugnado el nacionalismo en su verdadera y definitiva dimensión.
El nacionalismo es un modo de ser ante una serie de factores: territorio, conglomerado social, economía, defensa, cultura, etc., el cual, no obstante sus divergencias y confrontaciones, asume toda la ciudadanía como un instrumento de convivencia. Me explico. El ciudadano vive y concibe todo lo que le rodea en función de todos los que conviven en su mismo territorio. Así concebido, el nacionalismo no es una expresión heroica (como suele ser entendido) ni un conjunto de adornos a exhibir. Es, genuinamente, un modo de convivencia bien definido y aceptado por todos, el cual se defiende porque se cree en su utilidad, porque es garantista de la familia y de las instituciones, porque tiene herramientos para el bienestar social, porque es generador de mejores expectativas públicas. Escribiremos sobre esa garantía en la próxima entrega.
miércoles, 23 de julio de 2008
Venezuela : ¿ país campamento ?.

viernes, 18 de julio de 2008
Fotos Maracay vieja.
jueves, 17 de julio de 2008
Fotos de la Maracay Gomecista
martes, 15 de julio de 2008
Humor de abogado para combatir la tardanza judicial.

Unidad o perder el tiempo y hacerlo perder a los demás.

Viendo la cuestión política sin participación directa en ella, creo alcanzar un importante estado de objetividad como para comprenderla mejor. El tema se me presenta ayer, cuando me encuentro a un viejo amigo que aspira a ser candidato a una Alcaldía importante. Le digo con la sinceridad de siempre - de malos y buenos resultados, pero sinceridad al fin - que todo esfuerzo por separado que hagan es inútil. Pierden tiempo y recursos. Matan ilusiones de la gente.
Supongo que él debe entender que lo que le quiero decir es que no es la mejor opción electoral para la ciudad (tal vez lo sea desde otro punto de vista pero aquí no se toma en cuenta y eso será el tema del próximo blog). No lo ve así. Se pone pensativo. Trata de discutirme algo pero se contiene. Acude a fórmulas genéricas de conversación politica para pasar el momento, tales como "todo hay que analizarlo bien ", "estamos construyendo eso que tú dices". Quedo convencido que forcejeará hasta el final y casi que lo veo montando tienda aparte si no es él el favorecido por la unidad.
No, mi hermano, no es así. Aún unidos tendrán que batallar con un adversario implacable, fuerte, sobretodo consciente de que se le están muriendo en sus manos muchas cosas. Otros, muy objetivos y sinceros, tienen plena conciencia que está en juego la dimensión de un mundo en el que creen.
Si los invocadores de la unidad no le dan esa solución a la gente que la aspira, ésta los mandará bien largo al carajo. Por el contrario, en cada rincón de cada ciudad, sea la gente que sea, que adverse al gobierno, dice que votará por quien le pongan siempre que sea candidato único, sea el inhabilitado o no lo sea. Los nombres sobran y los partidos también. Importa sólo que sea uno solo y que el espíritu de sacrificio sea buen consejero para que un aspirante pueda ver al que en verdad parece ser el mejor.
Se supone que la unidad tiene un fundamento ideológico, se advierte que tiene un basamento constitucional y democrático, que es supuestamente un recurso extremo contra una situación política que juzgan absolutamente insoportable e insostenible. Es como preservar la propia vida. Pero si esto no puede más que la aspiración personal !chao chiguire !.
domingo, 13 de julio de 2008
Colaboremos con el T.S.J., por favor.

Sería más útil suministrarle herramientas que faciliten ese difícil trabajo intelectual. Como la del artículo 4º del Código Civil, válido para cualquier disposición constitucional o legal venezolana: " A la ley debe atribuírsele el sentido que aparece evidente del significado propio de las palabras, según la conexión de ellas entre sí y la intención de legislador."
De esa manera, con un simple diccionario en la mano y la exposición de motivos o el diario de debates que ha precedido a la norma, es posible hallar una interpretación lógica y expedita.