miércoles, 26 de diciembre de 2007

Acusado de "reconciliador".


De la noche a la mañana la palabra "reconciliación" se escapó del diccionario y pasó a significar algo así como un sentimiento no deseado. Pesuvistas y opositores de los extremos - al parecer son los que tienen más vocería en cualquier medio - rechazan cualquier reconciliación con el adversario. Unos dicen que el vocablo implica reencontrarse con alguien del que uno se ha alejado y eso no es posible con quien nunca se ha tenido cercanía. Otros dicen que es imposible hacerlo con quien no comparte tu manera de ver y sentir la vida, que , según eso, es la correcta. En fin, sea cual sea el argumento, lo cierto es que la conclusión es radical: no queremos ni necesitamos reconciliación con nadie.
Frente a eso hay una tímida tesis que aconseja coexistir a pesar de las diferencias, sobre la base de un mínimo de entendimiento que permita crear las bases propicias para definir un modelo político, económico y social aceptado por la gran mayoría.
En realidad, esto último no es una idea alternativa ni una opción. Es lo que siempre hemos hecho en parte o tal vez lo que hemos intentado hacer sin concluirlo adecuadamente. Lo importante es determinar cuánto se ha avanzado en ese objetivo en los últimos años. Creo que muchos llegamos a ver el comienzo de una vía rápida en algún momento del pasado reciente, pero sinceramente siento que no hemos avanzado nada.

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