martes, 10 de junio de 2008

Como solo lo hacen los llaneros.

En cierta ocasión, mientras un conjunto de música llanera afinaba sus instrumentos para animar una reunión campestre, dos de las personas que estaban con los integrantes del conjunto – no sé si tenían alguna función relacionada con ellos, pero creo que eran simples acompañantes – empezaron a cantar separadamente cualquier cosa bajo el amparo de un cuatro cada uno.
Pocos minutos después estaban trabados en un contrapunteo, es decir, lo habían improvisado. Y el contrapunteo en sí mismo lleva intrínseco el sentido de la improvisación en la letra de lo que se canta. La convocatoria al contrapunteo es lo de menos: puede nacer del mismo deseo interior de hacerlo para probar cada quien sus habilidades y ello implica un acuerdo previo para lanzarse en cualquier momento. Pero puede ser también, como creo que fue en este caso, que un cantante oiga al otro decir algo a lo que le provoca responder, o bien pretenda responderle a la altanería de considerarse mejor cantante, lo que significa entonces que hasta la iniciativa es improvisada.
Pero lo interesante no se queda allí. Es, además, que se trata de arrollar al contrario, de apabullarlo, de someterlo a través de expresiones que lo van acorralando, hasta que directa o tácitamente uno tiene que admitir que el otro ha vencido. En cada intervención cada cantante demuestra con gestos inequívocos que el otro ha tomado ventaja con sus argumentos y pasa responderle con más vigor y energía. La situación se repite hasta que, como dije, se llega a un punto donde no hay más que añadir.
Ese remate tiene que ser contundente. Y allí las posibilidades son infinitas. El público que presencia – y en este caso los miembros del conjunto – van dando un veredicto sin darlo, esto es, sus gestos de sorpresa, palabras así como “ coooooñu “, las risas o la intensidad de los aplausos, dejan claro quien ha logrado imponerse.
También es maravilloso el uso del lenguaje, la forma en que las palabras son traídas al contrapunteo, a veces hasta forzando al máximo su significado pero sin llegar a desnaturalizarlo; el doble sentido de las mismas, lo rebuscadas que puedan ser y el hecho de que cada intervención empieza justamente por la última línea de lo que ha cantado el otro y con lo cual lo ha golpeado certeramente, fueron joyas de esta ocasión a que me refiero. Asimismo, el tema puede ser variado y si uno se siente que va perdiendo terreno, debe tener la audacia para conducirlo a otro y el otro para quedarse en dónde está ganando
Y todavía no hemos agotado el tema. Terminado el contrapunteo, ambos cantantes, más público y miembros del conjunto con derecho a expresar su opinión, analizaron donde fue que alguien tomó ventaja, cómo se equivocaron, cómo se recuperaron y cuál fue el momento certero donde el asunto tomó ventaja definitiva a favor de uno de ellos.
Interesante son igualmente los códigos para interpretar la estocada final, que es - como en los temas cotidianos de la vida – cuando uno ha podido quedarse con la mujer pretendida por ambos, o cuando se ha demostrado tener más valor o más dinero. Me agradó ver cómo un cantante que se sintió cercano a la victoria, termina admitiendo y alabando la meritoria respuesta con la que el otro cantante logró el efecto de derrotarlo
No sé si esto será un arte cultivado en el llano venezolano en esos mismos términos. He presenciado muchas cosas similares que me hacen presumir que todo partió de un mismo día y que las variantes son tantas como versátil es el llanero venezolano en esas lides.
Eso sí, se trata de algo que debería ser cultivado. Nuestros llaneros tienen como hacerlo bien.



1 comentario:

luis dijo...

señor disculpe mi ignorancia pero es que no tengo ningun conocimiento sobre arte nacional, soy un chamo, estube leyendo su blog y vi este tema, quede facinado por la pintura que esta alli, de que pintor es?