
martes, 7 de octubre de 2008
Doblez.

sábado, 4 de octubre de 2008
BATE, PELOTA Y HASTA GUANTE. (2)

Pero hoy, brevemente, quiero añadirle algunas cosas de esas que no son recogidas por la tradición o son simplemente ignoradas porque no se les atribuye ningún valor. ¡Y mire que si lo tienen!
Y es que la imposición de las reglas del “maleta” – además de tener que tratarlo como una dama, no contrariarlo, etc. - también tenía sus excepciones, muchas de las cuales en un solo día rebasaban con creces largas caimaneras de la dictadura instrumental del dueño: a) En alguna ocasión hubo alguien que le dijo a la brava que pusiera los “corotos” y se quedara en el banco, y “si te quieres ir vete y anda a llórale a tu mamá, pero el bate y la pelota se quedan, y si te molestas no vengas pá esta vaina más nunca o te molemos a coñazos…”; b) Alguien argumentó que “…tú pones bate y pelota pero nosotros somos los peloteros para hacer la partida, de modo que todos nos necesitamos y entonces acepta lo que te pongan o no te pongan a hacer, o agarra tu vaina y te la …”; c) Es seguro que en otras ocasiones se haya optado por jugar con pelota de goma y de bate cualquier palo y “ ¡ al carajo con tus peroles…!”.; d) Una que otra tarde debió aparecer otro muchacho de otra zona de la ciudad (normalmente era otro “maleta”), también con guante, pelota y bate, que él mismo pedía que no lo metieran por cualquier razón o lo metieran después, y es hasta posible que no quisiera jugar ni aún insistiéndole; y e) es factible que en navidad a alguien le cayese de niño Jesús un guante y a otro una pelota, y por un tiempito no hubiese necesidad de los implementos del “maleta” (este sí los tenía siempre renovados).
Basta con estas cinco opciones pero creo que hubo otras más. Lo cierto, eso sí, es que nunca el dueño cambiaba de posición por el dominio del bate y la pelota. Pero las caimaneras, buenas hasta el final, no se detenían por eso. Siempre hay recursos para cambiar las cosas y hacerlas mejor.
BATE, PELOTA Y HASTA GUANTE.

Si el dueño era un buen pelotero no había problemas. O sea, estaba coronado. Pero el destino tiene establecido como inexorable que el dueño siempre es un “maleta”(casi siempre era un gordito que fildeaba lo que llamaban “tapapollo” y no bateaba “ni con la puerta de una iglesia”). Entonces, el tipo tenía que jugar ajuro y si por cualquier causa se molestaba y se llevaba sus macundales, ¡zas ¡ se acababa la partida. Las partidas devenían así en un arte de negociación porque había que colocarlo donde menos entorpeciera el duelo de cada tarde. Y era un duelo porque los equipos se escogían mediante el sistema de “pares o nones” o “piedra, papel y tijera”, de suerte que el que ganaba esta primera parte escogía primero y luego venía el otro y así sucesivamente, sistema éste que garantizaba que se empezara por los mejores y se terminara por los peores, figurando entre estos el maleta. Al maleta no le importaba esto porque su interés estaba en figurar entre los nueve alineados, ocupando generalmente el raifil (right field) porque por allí casi nadie bateaba), o de doblequècher (en realidad no había cátcher sino alguien encargado de recoger la bola lanzada “bombita”, ni tampoco valía el robo de base), de modo que prácticamente no hacía nada importante, o bien de pitcher que se limitaba a “ponerla” para que el contrario bateara (lo contrario de ponerla “bombita” era lo que llamábamos “arrequintao”, pero eso sí era un juego de béisbol y no las caimaneras a que me estoy refiriendo. Y en cuanto a batear, obvio es decir que el maleta era noveno bate u octavo, si acaso hacía falta algún disimulo.
Malo era cuando esas partidas estaban cerradas y entonces llegaba el turno al bate del “maleta”, porque se buscaba sutilmente que permitiera un cambio y el tipo rara vez accedía. En tal caso bateaba y punto, digo yo que había que sacrificar algo por la continuación de la partida. (Tampoco nos pongamos extremistas y aceptemos que de vez en cuando al maleta se le ponía a jugar segunda base o se le bregaba para que diera un “hitcito”, que hay quienes lo llaman un “podrío”).
Todas las partidas de cada tarde eran una angustia. Uno tenía que ligar que el “maleta” – dueño y señor de la caimanera de cada tarde, el único que tenía todos los instrumentos de juego, de marca, siempre nuevecitos – no se lesionara, no le diera dolor de barriga o lo viniera a buscar la mamá para hacer la tarea, porque entonces el juego quedaba colorín colorao.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Margarita selvática
domingo, 28 de septiembre de 2008
Margarita: Entre la belleza y la fealdad.
Llegar a Coche y contemplar aquellas playas, recorrer la isla y ver sus instalaciones hoteleras es maravilloso. Pero para acceder a Coche tienen que embarcarse en este terminal. No es posible que haya tanto conraste. No es posible que el turista n sea considerado como un ser humano.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Los mugrientos alcaldes de Margarita.
LA PARTE OCCIDENTAL DE MARGARITA.
Como siempre, cuando visito Margarita, me doy un paseo por la parte occidental de la isla, que es la península de Macanao.
Lo mismo que se ha hecho en su parte oriental no ha llegado hasta allí. Y no lo llamo el “progreso” ni la bonanza ni nada por el estilo. Me refiero, simplemente, a una forma de vida que en alguna forma es mejor, aún cuando no podamos decir que es óptima o cuando menos, buena.
Recorrer la parte occidental de Margarita, sin entrar por supuesto hacia el interior, es decir, solo bordeándola, lleva casi dos horas, incluyendo breves paradas en Boca del Río, Barrancas, El Manglillo, Punta Arenas, Boca de Pozo, Robledal y La Auyama.
Tal como lo refleja la foto en El Manglillo, así puede constatarse en casi toda esa parte de la isla. Unos poquísimos desarrollos turísticos aislados existen. La carretera es muy buena.
No sé hasta qué punto puede hablarse bien de los servicios públicos básicos, pero en líneas generales se aprecia un evidente estado de pobreza, a veces de abandono.
Así que, en conclusión, cualquier referencia a lo que mucha gente encuentra de maravilloso en Margarita, no es extensible a su parte occidental.
jueves, 25 de septiembre de 2008
¿ Qué significa Margarita ?
domingo, 14 de septiembre de 2008
Viendo el deporte desde la política o viceversa.

Converso con un amigo que se afana por encontrar en el béisbol de grandes ligas pruebas fehacientes de otra forma de descomposición social en nuestro país.
Dice que en muchos hogares venezolanos, sobretodo en los que carecen de recursos para enviar a sus hijos a la educación superior, la ilusión de hacerlos grandes ligas se ha convertido en una meta por la que se hace cualquier esfuerzo. O también - según alega - en una forma de sacarlos al exterior donde hay más oportunidades que aquí.
Creo que hay elementos para la discusión e, inclusive, para preocuparse razonablemente, pero sin ese sentido catastrófico. Observamos que se ha venido produciendo una masificación de peloteros venezolanos sobretodo en Estados Unidos, pero también los hay en Japón, México y algunos paises europeos.
Y no solo peloteros de alto nivel (grandes ligas), sino que ello abarca todas las categorías. Se observa asimismo que hay un grupo importante de jóvenes que ya desde lo 15 años se están comprometiendo contractualmente para ingresar a equipos norteamericanos. La presencia se ha hecho extensiva a puestos de dirección y asesoría.
Muchos de esos peloteros ya no empiezan por jugar en nuestra pelota rentada sino que su vida profesional comienza y termina en el norte. Y ni se diga de los ya consagrados, a quienes se prohibe en su gran mayoría participar en el béisbol venezolano.
Algunos, con tendencia creo yo que a aumentar cada vez más, están adoptando otra nacionalidad, preferiblemente la estadounidense.
(Toda esa situación incide directamente no solo en la calidad de la pelota venezolana que se ve privada de sus mejores exponentes, sino en algo más grave, como lo es el fraude, aceptado legalmente, que se comete año tras año, mediante el cual el equipo que representa a Venezuela en la Serie del Caribe no es en modo alguno el mismo que ganó la temporada regular. Prácticamente, lo que se hace es una selección de los perdedores, puesto que en cada equipo triunfador las estrellas no pueden participar en la serie caribeña.)
Sin mayores profundizaciones por el momento, creo que en la discusión sobre este tema, entra en juego el derecho constitucional del venezolano a tener un deporte de alta calidad, el tema de la fuga de talentos, el excesivo mercantilismo del deporte, la mejor organización y planificación deportiva en nuestra nación, en fin, asuntos que van mucho más allá de lo que suele interesar a casi todo el mundo.
sábado, 13 de septiembre de 2008
29.59

viernes, 12 de septiembre de 2008
María Luisa será ahora menos indiferente.

martes, 9 de septiembre de 2008
Maracay y sus espacios cálidos.

domingo, 31 de agosto de 2008
Así es el turismo. Denuncia.
martes, 19 de agosto de 2008
¿ Son necesarias las vacaciones judiciales ?
Una asociación o fundación llamada creo que "Justicia Libre", ha colocado en televisión unos espacios de protesta por las vacaciones judiciales, bajo la creencia que ese mes de inactividad judicial del 15 de agosto al 15 de septiembre, incide en el rendimiento del sistema judicial.
Me parece que sus directivos, creo que bien intencionados, no tienen mucha experiencia en esta materia. En primer lugar, ese mes de vacaciones es la única forma de la que disponemos los abogados litigantes para nuestro descanso. Cuando llega ese periodo estamos,exhaustos, agotados, ya no podemos más y lo vemos como una gracia divina.
En segundo lugar - y esto es lo más importante - no es con más tiempo de trabajo como se resuelve este problema. La solución es relativamente fácil: 1) Crear más, muchos más tribunales, dejando atrás la creencia que esto es una pérdida de dinero, cuando en realidad es inversión social.2) Deslastrar la justicia de tantas formalidades y "papeleo" inútil, concentrando las sentencias en su verdadero componente decisor; 3) establecer una justicia disciplinaria efectiva para quienes ocupan los tribunales sin necesidad, abandonan las causas, etc.; 3) jueces autónomos, con experiencia, respetando escalafones, etc. Por ahí va la cosa.
sábado, 16 de agosto de 2008
(15) El deporte en un país campamento.

Los venezolanos suelen expresar esos ideales cuando ven triunfar a sus peloteros en las “grandes ligas” del béisbol norteamericano, a un futbolista en las ligas europeas o a un boxeador.
Y ahí termina el sueño nacionalista.
El deporte debe ser necesariamente un ingrediente de la identidad nacional. Pero ¿porqué?. Porque el deporte supone constancia, superación, disciplina y autoestima. Implica largas jornadas de meditación y de concentración. Requiere de normas adecuadas de alimentación y de abstención de conductas negativas (adición a bebidas o al cigarrillo, por solo decir una). Se forma así un ser humano apto para cualquier objetivo social y se convierte en ejemplo para otros ciudadanos.
Y ¿ esto tiene algún otro valor ¿. Sí, pongamos uno meramente material.
Lo que el Estado invierte en formar atletas es mucho menor que lo que tendrá que invertir en hospitales para quienes no traten de cumplir con un mínimo de esa condición.
Y el aporte del atleta a la sociedad es siempre más eficaz en todo sentido de quienes no lo son.
Por añadidura, una vez que se forman esos atletas se les envía a competir en determinados juegos, en competencia, que vienen a ser una exposición o muestra de lo que un país ha hecho por el bienestar e sus ciudadanos.
Ese es el sentido de esas competencias.
Que se consigan buenos exponentes deportivos aislados, que se compita por competir, que una persona cumpla con esas metas solo para lucrarse o que se improvise el envío de atletas sin el conjunto de valores antedichos, no es precisamente un componente de un ideario nacionalista.
Por eso están allí los resultados deportivos venezolanos de vieja data.
Solo el deporte concebido en tan amplios términos y objetivos sociales, cultura, educación, salud, disciplina, etc. tiene un valor nacionalista.
martes, 12 de agosto de 2008
(13). País campamento: Nadie oye ni nadie protesta por eso.

El Estado no oye adecuadamente a los ciudadanos que quieren aportar algo en cualquier campo del conocimiento. Y los ciudadanos, aún teniendo mecanismos legales para ser oídos, no logran que eso se haga.
Fíjense que señalé que no nos oye adecuadamente. Eso quiere decir que no nos oye a todos, que oye selectivamente, que oye lo que cree que le interesa y, sobretodo, oye a quienes saltando barreras y haciendo esfuerzos titánicos se imponen.
Una nación de verdad oye a todos sus hijos; es más, sale a buscarlos bajo la seguridad que hallará a alguien para cualquier actividad.
El Estado no nos oye porque jamás ha creado mecanismos para ello, formas de participación completas, abiertas, ilimitadas.
Se enuncia, eso sí, en pomposos principios y magníficos textos legales, la idea de la participación del ciudadano en el destino de su país en el campo del conocimiento. Pero no hay mecanismos sencillos, espacios abiertos, formas de búsqueda, imaginación, interés, inversión, esperanza, tolerancia, instrucción, estímulo, para que eso sea una expresión masiva de la colectividad.
Y en la agenda de casi todo ciudadano no figura pedir, o en su lugar protestar, y más enérgicamente confrontarse, para buscar espacios para la construcción de su país en los campos del conocimiento.
Concluimos, entonces, que una nación no se puede formar sin una comunicación adecuada entre los ciudadanos y el Estado, y entre los ciudadanos entre sí.
Cuesta aceptarlo, pero también en eso hay evidencia que vivimos en un campamento con reglas mínimas de convivencia, donde el destino se deja al azar.
viernes, 8 de agosto de 2008
(12) Todo lo que se escribe dentro del campamento.

Cierto día me encontraba haciendo una diligencia personal en una oficina de una Universidad experimental venezolana. Había en ella, a pesar de su gran dimensión, apenas el espacio para un escritorio y dos sillas. Estaba repleta hasta media pared de ¡tesis de grados ¡ para su revisión.
Enlacé esa visión con algo que me dijo un abogado de larga experiencia docente muchos años atrás: que le había tocado examinar muchas tesis de post grado en ciudades que no tenían una tradición jurídica muy grande y había encontrado obras que valía la pena publicar.
Atando todos esos cabos, preguntando aquí y allá, sumando experiencias personales, teniendo en cuenta datos que he obtenido del ejercicio de mi profesión de abogado, etc. creo tener una base suficiente como para hacer una indagación a fondo en este sentido.
Y es sobre la base que nuestro país debe tener un caudal inmenso de aportes individuales o colectivos en todas las profesiones científicas, humanísticas, técnicas, etc. de las cuales apenas se conoce, publica y difunde un mínimo porcentaje.
Siendo sinceros, debemos reconocer que el requisito de las tesis de grado y similares, si bien son concebidas con un propósito muy constructivo, son tenidas en la realidad como un mero trámite académico para obtener un grado más alto en jerarquía o escalafón, lo que, a su vez, se traduce en mejores ingresos. De allí no pasan.
Con toda seguridad debe haber centenares de miles de obras en todo el país y en todas las ramas del conocimiento, algunas de las cuales podrán ser excelentes, otras buenas, quizás la mayoría requiera de ampliaciones o rectificaciones, pero todas, seguro que sí, podrían constituir inmensos aportes al saber y ,por tanto, al desarrollo nacional.
No existe un centro ni una inteligencia que las acopie, les haga seguimiento, localice a sus autores y los estimule a profundizar o corregir.
Es inimaginable el patrimonio perdido, deshaciéndose en rincones de quién sabe dónde.
Porque un país que vive como si estuviese en un campamento, de tránsito, carece de amor propio.
miércoles, 6 de agosto de 2008
(11) País campamento o país sin proyecto.

Bajo requisitos muy estrictos invoco en mis escritos (acciones ante los tribunales, dictámenes, sentencias y columnas de articulista) la opinión de otras personas o de interpretaciones legales hechas por otros o de precedentes jurisprudenciales. Estoy casi absolutamente bloqueado en eso. Excepcionalmente lo hago y no vienen al caso las razones de eso.
Esta vez lo hago bajo la excepcional situación de encontrar una especie una prueba de lo que he venido señalando en estas entregas, bien estructurada, producida por un hombre con una vasta experiencia política, social y jurídica; sin atisbo de mezquindad ni de propósitos malsanos. De sus líneas surge, más bien, como un clamor de una situación que muchos venezolanos logramos ver pero que no tenemos formas de controlar, ni hacer mucho por revertir.
En la edición del diario “El Nacional” del martes 05 de agosto de 2008, el Dr. Ramón Escovar Salom, bajo el título de “El proyecto nacional”, señala que nosotros no tenemos un proyecto de nación, lo que se evidencia de: 1º) la desaparición de las instituciones, que en mi caso personal sería su “no desarrollo”, pues desde 1958 a hoy, que son los años en que he tenido madurez en el acceso al conocimiento y a la realidad, nunca vi instituciones sólidas. Tal vez el Dr. Escovar sí tuvo oportunidad de vivirlas; y 2º) la idea de que el progreso se mide por la riqueza del país y su explotación descuidando al ser humano, al hombre.
Convengo en que no tenemos un proyecto en el sentido de formulación de un país en el tiempo, es decir, mirando hacia el porvenir, más allá de la instrumentación de un plan a corto plazo.
Vale decir, según mi interpretación de lo que es el asentamiento de nuestro grupo humano en este territorio, que siempre parece que estamos de tránsito hacia otro lugar, que algunos se resignan a vivir en el campamento porque no encuentran forma de salir de él y que otros, en fin, lo usan para sus propios fines y cuando pueden se van. Eso implica carencia de instituciones y más bien genera reglas frágiles para sustentar solo un mínimo de convivencia.
martes, 5 de agosto de 2008
(10) La justicia en un país campamento.

En un país con profundo sentido o sentimiento nacionalista, que ya quedó claro que no son todas esas actitudes febriles o teatrales de gritos y consignas, la justicia es el medio esencial para preservarlo. Los jueces son los grandes orfebres de una verdadera nación, de un asentamiento humano en un territorio donde sus ciudadanos están unidos por verdaderos lazos garantistas de su destino.
La justicia en los campamentos no es finalista. Se limita a dirimir controversias mientras dura la ocupación del territorio, en términos suficientes para garantizar que cada quien haga lo que vino a hacer o lo que quiere hacer. Por consiguiente, los jueces no son sino simples funcionarios que dirimen controversias. La justicia es así inmediata, superficial, desalmada.
La justicia de una verdadera nación está enfocada en grandes propósitos: el ser humano, sus espacios vitales, su aporte al todo, sus necesidades y la garantía de su condición de ciudadano. Los jueces aquí son profundamente reflexivos, pues tienen que preservar el equilibrio social y la necesidad de la sociedad de estar fuerte ante cualquier contingencia. Los jueces están en la obligación de mantener vivas las expectativas de todo el conglomerado social. Son su garantía. Son su instrumento esencial de supervivencia.
En una auténtica nación todo reposa en la sanidad y sabiduría de sus jueces. Y se les respeta. Sus decisiones, buenas o malas, tienen siempre el signo de que fueron tomadas para preservar las instituciones. Los yerros pueden corregirse y el sistema se supera.
Los jueces nuestros ya no pueden hacer nada mejor. Nunca antes tampoco lo hicieron a cabalidad, pero había algunas luces.
Algún día tendremos que empezar de nuevo.
domingo, 3 de agosto de 2008
¿Violencia contra la mujer o manipulación ?

