
Cierto día me encontraba haciendo una diligencia personal en una oficina de una Universidad experimental venezolana. Había en ella, a pesar de su gran dimensión, apenas el espacio para un escritorio y dos sillas. Estaba repleta hasta media pared de ¡tesis de grados ¡ para su revisión.
Enlacé esa visión con algo que me dijo un abogado de larga experiencia docente muchos años atrás: que le había tocado examinar muchas tesis de post grado en ciudades que no tenían una tradición jurídica muy grande y había encontrado obras que valía la pena publicar.
Atando todos esos cabos, preguntando aquí y allá, sumando experiencias personales, teniendo en cuenta datos que he obtenido del ejercicio de mi profesión de abogado, etc. creo tener una base suficiente como para hacer una indagación a fondo en este sentido.
Y es sobre la base que nuestro país debe tener un caudal inmenso de aportes individuales o colectivos en todas las profesiones científicas, humanísticas, técnicas, etc. de las cuales apenas se conoce, publica y difunde un mínimo porcentaje.
Siendo sinceros, debemos reconocer que el requisito de las tesis de grado y similares, si bien son concebidas con un propósito muy constructivo, son tenidas en la realidad como un mero trámite académico para obtener un grado más alto en jerarquía o escalafón, lo que, a su vez, se traduce en mejores ingresos. De allí no pasan.
Con toda seguridad debe haber centenares de miles de obras en todo el país y en todas las ramas del conocimiento, algunas de las cuales podrán ser excelentes, otras buenas, quizás la mayoría requiera de ampliaciones o rectificaciones, pero todas, seguro que sí, podrían constituir inmensos aportes al saber y ,por tanto, al desarrollo nacional.
No existe un centro ni una inteligencia que las acopie, les haga seguimiento, localice a sus autores y los estimule a profundizar o corregir.
Es inimaginable el patrimonio perdido, deshaciéndose en rincones de quién sabe dónde.
Porque un país que vive como si estuviese en un campamento, de tránsito, carece de amor propio.


