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sábado, 16 de agosto de 2008

(15) El deporte en un país campamento.


Los Juegos Olímpicos de Beijing nos permiten hacer unas reflexiones sobre el deporte en una nación determinada. Y es que, además, no pocas veces los ideales nacionalistas se identifican o confunden con el deporte.
Los venezolanos suelen expresar esos ideales cuando ven triunfar a sus peloteros en las “grandes ligas” del béisbol norteamericano, a un futbolista en las ligas europeas o a un boxeador.
Y ahí termina el sueño nacionalista.
El deporte debe ser necesariamente un ingrediente de la identidad nacional. Pero ¿porqué?. Porque el deporte supone constancia, superación, disciplina y autoestima. Implica largas jornadas de meditación y de concentración. Requiere de normas adecuadas de alimentación y de abstención de conductas negativas (adición a bebidas o al cigarrillo, por solo decir una). Se forma así un ser humano apto para cualquier objetivo social y se convierte en ejemplo para otros ciudadanos.
Y ¿ esto tiene algún otro valor ¿. Sí, pongamos uno meramente material.
Lo que el Estado invierte en formar atletas es mucho menor que lo que tendrá que invertir en hospitales para quienes no traten de cumplir con un mínimo de esa condición.
Y el aporte del atleta a la sociedad es siempre más eficaz en todo sentido de quienes no lo son.
Por añadidura, una vez que se forman esos atletas se les envía a competir en determinados juegos, en competencia, que vienen a ser una exposición o muestra de lo que un país ha hecho por el bienestar e sus ciudadanos.
Ese es el sentido de esas competencias.
Que se consigan buenos exponentes deportivos aislados, que se compita por competir, que una persona cumpla con esas metas solo para lucrarse o que se improvise el envío de atletas sin el conjunto de valores antedichos, no es precisamente un componente de un ideario nacionalista.
Por eso están allí los resultados deportivos venezolanos de vieja data.
Solo el deporte concebido en tan amplios términos y objetivos sociales, cultura, educación, salud, disciplina, etc. tiene un valor nacionalista.

martes, 12 de agosto de 2008

(13). País campamento: Nadie oye ni nadie protesta por eso.




El Estado no oye adecuadamente a los ciudadanos que quieren aportar algo en cualquier campo del conocimiento. Y los ciudadanos, aún teniendo mecanismos legales para ser oídos, no logran que eso se haga.
Fíjense que señalé que no nos oye adecuadamente. Eso quiere decir que no nos oye a todos, que oye selectivamente, que oye lo que cree que le interesa y, sobretodo, oye a quienes saltando barreras y haciendo esfuerzos titánicos se imponen.
Una nación de verdad oye a todos sus hijos; es más, sale a buscarlos bajo la seguridad que hallará a alguien para cualquier actividad.
El Estado no nos oye porque jamás ha creado mecanismos para ello, formas de participación completas, abiertas, ilimitadas.
Se enuncia, eso sí, en pomposos principios y magníficos textos legales, la idea de la participación del ciudadano en el destino de su país en el campo del conocimiento. Pero no hay mecanismos sencillos, espacios abiertos, formas de búsqueda, imaginación, interés, inversión, esperanza, tolerancia, instrucción, estímulo, para que eso sea una expresión masiva de la colectividad.
Y en la agenda de casi todo ciudadano no figura pedir, o en su lugar protestar, y más enérgicamente confrontarse, para buscar espacios para la construcción de su país en los campos del conocimiento.
Concluimos, entonces, que una nación no se puede formar sin una comunicación adecuada entre los ciudadanos y el Estado, y entre los ciudadanos entre sí.
Cuesta aceptarlo, pero también en eso hay evidencia que vivimos en un campamento con reglas mínimas de convivencia, donde el destino se deja al azar.

miércoles, 6 de agosto de 2008

(11) País campamento o país sin proyecto.



Bajo requisitos muy estrictos invoco en mis escritos (acciones ante los tribunales, dictámenes, sentencias y columnas de articulista) la opinión de otras personas o de interpretaciones legales hechas por otros o de precedentes jurisprudenciales. Estoy casi absolutamente bloqueado en eso. Excepcionalmente lo hago y no vienen al caso las razones de eso.
Esta vez lo hago bajo la excepcional situación de encontrar una especie una prueba de lo que he venido señalando en estas entregas, bien estructurada, producida por un hombre con una vasta experiencia política, social y jurídica; sin atisbo de mezquindad ni de propósitos malsanos. De sus líneas surge, más bien, como un clamor de una situación que muchos venezolanos logramos ver pero que no tenemos formas de controlar, ni hacer mucho por revertir.
En la edición del diario “El Nacional” del martes 05 de agosto de 2008, el Dr. Ramón Escovar Salom, bajo el título de “El proyecto nacional”, señala que nosotros no tenemos un proyecto de nación, lo que se evidencia de: 1º) la desaparición de las instituciones, que en mi caso personal sería su “no desarrollo”, pues desde 1958 a hoy, que son los años en que he tenido madurez en el acceso al conocimiento y a la realidad, nunca vi instituciones sólidas. Tal vez el Dr. Escovar sí tuvo oportunidad de vivirlas; y 2º) la idea de que el progreso se mide por la riqueza del país y su explotación descuidando al ser humano, al hombre.
Convengo en que no tenemos un proyecto en el sentido de formulación de un país en el tiempo, es decir, mirando hacia el porvenir, más allá de la instrumentación de un plan a corto plazo.
Vale decir, según mi interpretación de lo que es el asentamiento de nuestro grupo humano en este territorio, que siempre parece que estamos de tránsito hacia otro lugar, que algunos se resignan a vivir en el campamento porque no encuentran forma de salir de él y que otros, en fin, lo usan para sus propios fines y cuando pueden se van. Eso implica carencia de instituciones y más bien genera reglas frágiles para sustentar solo un mínimo de convivencia.

viernes, 1 de agosto de 2008

(07) País campamento o empresa.



Seguramente es repugnante decir que un país es una empresa. Porque esa literatura y esos discursos baratos que nunca abandonamos, privilegian la exaltación de valores empalagosos, de frases de ocasión, de expresiones para subir el ánimo por un ratico.
Pero nada de eso es patria, ni nación, ni sentimiento nacionalista.
Una nación es una empresa, sí, una empresa, un conjunto de seres humanos que producen bienes y servicios, materiales o espirituales, para causar bienestar colectivo.
El bienestar colectivo crea una mística nacionalista por ser todos eficientes, por sacarle el mayor provecho posible a los recursos de que se dispone.
En esa organización de recursos humanos y económicos entran los servidores públicos cuyo objetivo es aprovechar el tiempo, facilitar los trámites, ahorrar bienes y energía, preparar a sus jóvenes, conceder prioridad a los méritos, cuidar los recursos que se tienen y atender correctamente a cada ciudadano en toda función legalmente establecida.
El servidor público es un factor de la empresa, una pieza de ella. Ese es el verdadero sentimiento nacionalista, ser parte útil de esa empresa.
La experiencia de nuestro país es, generalmente, la de funcionarios públicos, es decir, personas que ocupan un cargo público sin mayores pretensiones que la de que se haga lo que forzosamente hay que hacer, salga como salga, y mediante una actividad que le produce su sustento.
No tenemos el arraigo, el sentimiento generalizado de servidores públicos, es decir, de empresarios que construyen un país de verdad. Esto es, de un aparato que trabaja a toda su capacidad para que haya bienestar colectivo.
En los campamentos, dado que los domina el sentido de la provisionalidad, el objetivo es resolver las necesidades mínimas de convivencia. Y nada más. Es esto lo que no queremos abandonar. Pero tendremos que hacerlo.

martes, 29 de julio de 2008

(06) Un país campamento formado desde la Constitución Nacional.



Cuando nos referimos a un país campamento, apropiándonos, como dijimos en la primera entrega de este blog de una expresión de Cabrujas, queremos expresar que, generalmente, los venezolanos somos un grupo de personas que ocupamos un territorio y que tenemos leyes e identidad solo para fines de orden y seguridad. Y las tenemos y tendremos mientras ocupemos ese territorio. Pero nada más.
Pero no somos un solo país, no tenemos un “modo de ser venezolano”, no estamos cohesionados a través de unos valores mayoritariamente aceptados. (si ud. no lo acepta, indíqueme uno)
Un “sentimiento nacionalista” o “identidad nacional” pasa forzosamente por la necesidad de aceptación de todos sus componentes internos, sea cual sea su origen, su raza, su religión o cualquier otro factor que pueda distinguirnos. Es lo que más se corresponde con la vida misma.
Refiriéndonos al menos a los últimos 50 años, podemos ver que en Venezuela, si bien se garantizaba la libertad de cultos, se establecía constitucionalmente la religión católica. Había capítulos que tendían a proteger a grupos en desventaja, como los indígenas, pero tal vez ello obedecía a la circunstancia o necesidad histórica de evitar que fuesen discriminados. La previsión constitucional que favorecía a los naturales de España y a los países liberados por Simón Bolívar no era discriminatoria, sino que estaba en sintonía con la idea de preservar los vínculos de pueblos nacidos de una misma gesta libertadora y de quienes poblaron estas tierras y trajeron sus instituciones.
En fin, bajo estos tres ejemplos, aún cuando contienen un criterio de diferenciación entre venezolanos, no presentaban una ruptura o no tan grave hacia nuestro interior, hacia nosotros mismos.
Más, indudablemente, seguía pendiente el proceso de integración total, desde el cual se podían crear valores nacionalistas como deben ser.
La Constitución de 1999 ( por la cual voté sin haber alcanzado a madurar toas sus normas, en especial las relativas al tema que estoy tratando, quizás muy orientado por la parte de la justicia, que me pareció muy buena) , en cambio, viene a propiciar la fractura de esa venezolanidad precaria que de por sí existía. En lugar de reforzar y ser más intensa en cuanto a crear una integración como punto de partida, vino a establecer legalmente unos pueblos separados del resto del país, hasta el punto que tienen derecho a suministrar tres (3) diputados propios a la Asamblea Nacional, tal como si fueran representantes de enclaves dentro de un territorio. La necesidad apuntaba, por el contrario, a su derecho a vivir y estar en todo el país como ciudadanos de él, convivir como siempre lo habían hecho donde quisieran y ligarse e integrarse en una sola nación.
De esa ruptura ha pasado a favorecerse, legitimarse , apoyarse y apuntalarse una nueva vertiente, que es la “afrodescendencia”, como si acaso, en todo el país, de punta a punta y por los cuatro costados esa integración entre negros, blancos e indígenas no esté bien cimentada, no produce fricciones y casi nunca es motivo de mayores complicaciones. El sentimiento nacionalista requería y requiere de no amparar constitucionalmente estas fracturas. Por allí también se ha construido el campamento en que solo las circunstancias territoriales justifican la convivencia de sus integrantes.

domingo, 27 de julio de 2008

(05). Replanteando lo del país campamento.


Confieso que estoy tratando de explicarme en este tema con cierta desesperación. Como con una necesidad urgente que alguien comprenda lo que ya una cierta madurez me viene diciendo a gritos. Y con el ánimo de contactar a quienes pueden estar en la misma onda, desde gente culta, inteligente y ávida de expresarse, hasta quienes puedan estar más limitados en ese sentido. El objetivo es hacer algo por nosotros mismos.
Hago un alto en la secuencia que llevaba en la materia, para detenerme a examinar y expresar algunas cosas respecto de las respuestas que se me han enviado por algunos lectores del blog.
Replanteo que cuando me refiero a un “sentimiento nacionalista” no me interesa para nada a aquellos que se agrupan con uniformes o vestimentas de cualquier tipo, y lanzan frases pegajosas o entonan cancioncitas. Nada que ver con un orgullo que parece ebriedad, ni especies de cofradías de los que se creen mejores. Nada de invocar hazañas bélicas ni deportivas. Ni hablar de patria como un emblema o un cascarón, sin saber lo que tiene adentro. Nada.
Cuando me refiero a “sentimiento nacionalista” (nacionalismo, identidad nacional, etc.) invoco algo más humano, real, verdadero. Incluso con mucho de cotidianidad, de necesidades de todo tipo.
Al final lo expresaremos en una idea que trataré que sea muy ilustrativa de lo que quiero señalar. Debemos, eso sí, empezar por las ideas que nos llevarán hasta allá.
Por ahora, basta decir que una nación que se ama a sí misma, no puede limitarse a un asentamiento humano en un territorio en el que parece que muchos están de paso. Ese asentamiento humano tiene que ser una organización que defiende los principios éticos que ha diseñado en su experiencia, que produce (o va atrás esa meta) desde cosas elementales para vivir y hasta para vivir mejor, que protege a sus ciudadanos, que crea normas para todo tipo de relación, que educa, que se prepara para la adversidad en forma adecuada, que favorece el trabajo y la cultura, etc.
Eso es lo que, en verdad, es nacionalismo. Casi un sentimiento elemental de preservación de lo propio. Y por ahí nunca hemos transitado en toda su dimensión.
En la próxima entrega les obsequio el reto de una prueba.

sábado, 26 de julio de 2008

(04) País campamento. Todo es a base de educación.




Los encargados de educar al pueblo, en líneas generales, han tratado siempre de elaborar doctrinas en abstracto y luego llevarlas a las leyes, aplicarlas al vacío y he allí sus constantes fracasos.
Todo acto de la autoridad destinado a crear sentimientos y actitudes nacionalistas debe oír, ver, digamos palpar a toda la comunidad y luego elaborar un sistemático plan para preservar los valores positivos, mejorar los que tienen deficiencias y corregir o eliminar los vicios y deformaciones.
Al ciudadano, a las comunidades, a las organizaciones, se les explica, se les informa y se discute con todos ellos. Nada se le impone. Se les ofrecen alternativas y se escoge la más adecuada, la cual se va moldeando en la práctica. La persuasión es el arma.
En este campo de la educación para formar el sentimiento nacional más blindado, sin prejuicios, sin enlatados, sin prefabricaciones, se podrían poner miles de ejemplos. Escojo uno como el más emblemático. El caso de Radio Caracas Televisión.
No podemos decir, en verdad, que éste fue un canal de televisión muy provechoso, de calidad, pero la población lo veía. La población lo ve conforme a la educación que tiene.
Vencido el lapso de la concesión, el gobierno tuvo una oportunidad de oro, única, extraordinaria, para poner en marcha un incipiente plan de educación nacional. Renovarle la licencia bajo la condición de mejorar progresivamente su calidad, ciñéndose a la ley.
Pero no. El gobierno optó por negar la renovación y perder así unas herramientas, equipo humano, etc., sustituyéndolo por una televisora que no tiene un diseño apropiado para las circunstancias y que ha terminado por tratar de imitar parcialmente el espacio que quedó atrás.
La creación de una vocación por defender ese “modo ser venezolano” que aún está pendiente, es obra de un proceso educativo, que por lo demás, en democracia y en pluralidad de opiniones, es mejor.

viernes, 25 de julio de 2008

(03) País campamento: Cómo se garantiza la identidad nacional.


¿ Y cómo se garantiza y se instrumenta esa concepción del hombre dentro de su colectividad en función de los demás, cómo busca la unidad, cómo logra restablecer las situaciones que rompen ese modo de ser que es el nacionalismo, la “identidad nacional “?.
La respuesta es simple. Solo a través de la ley. Porque a ley no es otra cosa que reglas de convivencia social dentro de objetivos trazados en una Constitución, es decir, normas para forjar ese “modo de ser nacionalista”, normas para crear la identidad y preservarla.
Y ahora lo amargo: Los venezolanos, en líneas generales, somos sistemáticamente trasgresores de la ley, por lo que forzosamente debemos concluir que actuamos y convivimos con objetivos, buenos o malos (no es el caso determinarlo en este momento), que se apartan de un modo de ser nacionalista, de una identidad nacional.
Las trasgresiones las cometen quienes diseñan las leyes y quienes están encargados de su vigilancia y observación. Las comete hasta el ciudadano que viva en el sitio más apartado del territorio. Es decir, provienen de todo nivel, aunque en todo nivel haya también quienes las respetan y las hagan cumplir. En este país residual radica la precaria estabilidad de las instituciones.
Es inoficioso, innecesario, inútil, descender a la calificación y demostración detallada de esa trasgresión (pero puedo explicarla donde quiera que sea). La Constitución, las leyes, reglamentos, ordenanzas, etc. son casi siempre letras muertas. Su precaria observancia o es coercitiva o se da porque es inevitable. Basta con un solo ejemplo: la ley más elemental de la convivencia social es la que regula la propiedad horizontal y esa no la cumplen la mayoría de los condominios, sus administradores nada pueden hacer para defenderlas y los jueces no las conocen.
Desde tiempos inmemoriales hemos oído decir al común de los ciudadanos que en Venezuela hay buenas leyes pero no se cumplen. Todo se resume en una especie de sentencia: “aquí las leyes no se cumplen”. Y es porque se piensa que las autoridades de cualquier tipo no las hacen cumplir.
Y eso es falso. La realidad es que somos nosotros quienes no cumplimos las leyes, para lo cual no necesitamos guías ni que nos obliguen. Esta sencilla verdad es de una exactitud asombrosa.
Y para eso hay que empezar por la educación. Y esta ¿ de dónde parte ?.

miércoles, 23 de julio de 2008

Venezuela : ¿ país campamento ?.


En algunas partes he dejado constancia escrita de mis opiniones sobre lo que significa ser venezolano. Lo he hecho en diversas épocas y desde hace muchos años. Lo he hecho bajo el influjo de toda clase de medios, sobretodo una vocación por la observación de personas y espacios en todo el territorio nacional, el cual he recorrido incansablemente desde hace más de tres décadas.
Por supuesto, no soy un profesional del conocimiento que concierne a la vinculación del hombre con su territorio, ni soy el más aventajado en la vocación observacionista, ni he manejado los más elementales instrumentos del conocimiento en relación con el tema.
Soy, a secas, un voluntario intrigado en determinar porqué carecemos de un sentimiento sólido de nacionalidad, algo que antes llamaban la "identidad nacional".
Me intriga saber porqué muy pocas personas se interesan por esto y quizás la respuesta esté, precisamente, en las mismas conclusiones. Valga, entonces, esta aparente perogrullada.
No hay día de mi vida en el que no tenga al menos una evidencia de nuestra arraigada carencia de nacionalidad. Es perceptible hasta en mínimos detalles, que no podrían ser expuestos en un espacio reducido como este.
Tengo como una especie de archivo para exponerlo en cualquier discusión, aunque no hay foro ni conferencia ni jornada que se dedique a este tema.
Dos cosas muy puntuales me han sucedido en los últimos años como para servir de sustento a estas líneas que expondré hoy y en una pocas entregas más, pensando que aunque sea dos o tres venezolanos las leerán y al menos uno me contestará cualquier cosa.
La primera de ellas se produjo en los días inmediatos siguientes a los sucesos del 11 de abril del año 2002. Entre tantas cosas que se dijeron y se siguen diciendo, grabé en forma indeleble una de ellas. Una ciudadana venezolana, quien siempre dio muestras inequívocas de su ideología y combatió duramente por ella, radical, vehemente, se encontró en esos días que los estaban desalojando del poder. Famosa ya por su insaciable rapiña de los dineros públicos, lujuriosamente gastados sin recato alguno, calculó que no tan pronto vendrían por ella y que podía tomarse unos días para ver qué pasaba. Pero su plan ya estaba diseñado. Sin el menor pudor expresó a un amigo suyo que ya ella estaba bien apertrechada, que no tenía hijos ni nada que la relacionara con Venezuela y que se podría ir por el resto de su vida a vivir al exterior. Me pregunto cuán frágil era el conepto de nacionalidad de esta venezolana, máxime si ocupaba un cargo comprometido con la defensa de la venezolanidad.
Ahora, en días recientes, me entero que hubo otra persona a quien interesó el tema de nuestra carencia de nacionalidad o, mejor dicho, de sentimientos genuinamente nacionalistas. Cabrujas habló de un país campamento. No adelanto ahora nada de lo que creo que quiso decir con esto. Lo exploraremos.
Me apropio del concepto de "país campamento" tan sóloporque será difícil conseguir uno mejor. Pero lo rellenaré con mis propias observaciones y convicciones. Tal vez pueda aportar algo. Seguiremos en otra entrega.