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sábado, 15 de diciembre de 2007

Comentarios a artículo de Alberto Aranguibel.

Leo y releo con mucho interés su opinión en “Ultimas Noticias” del viernes 14 de diciembre del año 2007, titulada “Ganó el anticomunismo”. Me interesó porque, no obstante que en nuestro país hay cientos de columnistas que escriben en diarios nacionales y regionales, pocos hacen planteamientos para la reflexión y, más bien, se orientan fundamentalmente a una contradicción simplista de los adversarios o usan métodos muy precarios de convicción.
Es muy importante el reconocimiento implícito que usted hace en el encabezamiento de su artículo según el cual la reforma constitucional, sometida a referendo el día 02 de diciembre pasado, era de corte comunista y que existiendo en nuestro país una realidad cultural contraria a esa ideología, era imposible comprenderla en una campaña electoral de mes y medio.
Para poder lograrlo exitosamente, usted sostiene que es necesaria la “ existencia de una sociedad de convicción verdadera y profundamente revolucionaria”. Cuando me refiero a ese aspecto me gusta más decir que los cambios deben tener “arraigo”. Una Constitución se basa, fundamentalmente, en el arraigo de una realidad en diversos aspectos de la vida que pasan a integrar ese cuerpo legal. Por consiguiente, desde ese punto de vista, la reforma era inviable aún aprobándola.
La principal dificultad que le encuentro al comunismo es la necesaria sustitución de la posibilidad de un pueblo de interpretar su realidad y su destino, por la voluntad de una persona o un grupo reducido que asume esa interpretación.
También esa forma de pensar parte del hecho que el hombre es un ser perfecto que ama la igualdad y la austeridad, que solo actúa en función del bienestar colectivo y que repudia los bienes materiales. No siendo así, según me aconseja la experiencia, creo que la función del gobernante y de los grupos del poder que promueven esas ideas es la de reducir lo imperfecto mediante un proceso educativo (algo que usted también sostiene), ofrecerle al ciudadano la posibilidad de entender la realidad sin prejuicios, plantearle claramente el alcance de todas las alternativas y crear las condiciones objetivas para que todas las personas puedan desarrollarse también individualmente.
Fíjese usted esta inmensa paradoja: El actual gobierno llegó a ser tal con el propósito de erradicar una sociedad abiertamente injusta. Y lo era en buena medida, indudablemente. Nueve años después consideró que era el momento de brincar a una sociedad diametralmente opuesta a la anterior, por lo cual propuso una reforma constitucional. En el intermedio, que son precisamente esos nueve años, el gobierno produjo algunas reformas sociales y políticas de variada intensidad en algunos aspectos, entre las cuales diría que son las más significativas: 1°) impedir la participación del poder económico en la función de gobierno y exigirles impuestos justos; 2°) plantearse la situación de la justa distribución de la tierra, sobretodo la improductiva; y 3°) proponerse la mejor distribución de la riqueza, con orientación a los servicios de salud y educación.
En líneas generales son tímidos alcances, frente a los cuales hay graves padecimientos como: 1°) la exclusión de los adversarios; 2°) la excesiva intervención del sistema judicial y 3°) la desconsiderada discrecionalidad de las decisiones gubernamentales.
A pesar de la desproporción entre lo logrado y lo ideal, es esta etapa, concebida por este gobierno como de transición, la que debería ser definitiva y alrededor de la cual se deberían concebir las reformas, esto es, incorporar nuevas metas y afianzar las logradas en un clima que permita la tolerancia, la diversidad y la justicia. Usted no se imagina hasta qué punto es en este precario éxito obtenido hasta ahora por este gobierno - al cual pretende renunciar en busca de un modelo extremo – donde radica el apoyo que ha tenido. Aquí descansa la posibilidad de reincorporación ( y adopción por otras personas) – cuando se compruebe que esto es efectivamente una meta – de muchos de quienes han abandonado el proceso que se vive. Mientras parezca lo que verdaderamente es, vale decir transitorio, no tendrá una aceptación determinante.
Lo que los gobiernos de este corte ignoran o no logran comprender es que la sociedad injusta, a la cual el hombre tiene una tendencia natural, se corrige mediante su observación diaria, la proposición de diversas soluciones, la actividad contralora, un sistema muy positivo de justicia, la reducción de la justicia extrema, etc. Ello no se puede lograr mediante el simple recurso, que inexorablemente fallará, de establecer normas radicales que prescindan del proceso educativo y de comprensión, imponiéndola por la fuerza y no dejándole al ciudadano ninguna alternativa de realización e interpretación personal.
Permítame que le añada algunas líneas de mi experiencia personal: Soy ajeno a casi todas las expresiones de nuestra vida diaria: publicidad, valores del consumo o del propietario de bienes más allá de los estrictamente necesarios, valores o reconocimientos sociales, competencia, entre otros. Extraigo de este laberinto cosas muy puntuales como: algunas expresiones de la tecnología, con internet a la cabeza; la posibilidad de escoger un bien entre varios, entre otras cosas. Pero esta sociedad que hostiga y que induce al ciudadano hacia fines a veces innecesarios, a mí me ha permitido vivir en paz conmigo mismo, realizarme en los valores del conocimiento, aportar en alguna medida a los demás, por solo decir algunas. Ni yo la perturbo ni me he dejado perturbar por ella. Tuve la fortuna de disponer de la educación, la orientación y el ejemplo para encontrar esas herramientas, incluyendo un aporte sustantivo del Estado. Eso creo que es lo que debería ser y no la imposición vaga, irracional, oscura e imprecisa de fórmulas. El Estado puede coadyuvar en ello pero, lamentablemente, siempre se desvía, se impacienta y entonces obstruye o aplasta. Me parece que usted está tras el reconocimiento de esa realidad y se lo diré al final de este escrito.
Celebro su artículo por la inmensa comprensión de un aspecto en el que no hay ninguna otra reflexión en este país, por supuesto, con las reservas indicadas.
Usted, con su inmejorable escrito, ha contribuido más que nadie – supongo por el texto que sin proponérselo hasta ese punto – a demostrar que para plantear una reforma como la recientemente propuesta es necesaria la previa existencia de una transformación cultural que permitiera discernirla adecuadamente. Solo así el pueblo puede analizar y establecer si le conviene o si no le conviene, y hasta qué punto en ambas hipótesis.
Si en algo pudiese disentir es en la utilización del término “miedo”, si acaso usted lo emplea en el sentido de temor irracional hacia algo. Si, en cambio, lo emplea en el sentido de desconfianza o duda hacia situaciones que pudieran generar arbitrariedades, pérdida de la individualidad o avasallamiento de las instituciones, entonces, creo, que ese miedo seguirá presente en buena parte de la población.
Respetuosamente,
Vicente Amengual Sosa,
c.1.3.202.469

viernes, 14 de diciembre de 2007

LOS “PERDONAVIDAS” DE LA OPOSICIÓN.


El Presidente y otros “pesuvistas” se equivocaron cuando dijeron que la victoria del “no” en el referendo había sido pírrica. Porque en verdad – y ellos lo saben – no lo es. Quizá sea la decisión más importante que se ha tomado en toda la historia de este país por medio del voto. Tiene un significado inmenso.
El término que, en verdad, quisieron utilizar fue que era precaria. Y esto sí podría ser cierto. De hecho, hasta ahora, lo es.
¿ Porqué esa victoria podría ser precaria?.
No solo por la diferencia tan pequeña de votos. En el resultado incidieron nuevos actores como los estudiantes, Podemos, Baduel, los evangélicos y las propias actuaciones del Presidente y , aún así, no fue una gran diferencia. Además, hay que tener en cuenta que más de 4 millones de venezolanos aprobaron una reforma que era evidentemente inconstitucional.
Podría ser también precaria si la Sala Constitucional del TSJ sigue de espaldas a la Constitución y permitiese que se convocase a un nuevo referendo en este periodo constitucional por las mismas materias ya decididas.
Pero para mí lo que hace más precario ese triunfo del “no” es esa actitud arrogante de algunos de los voceros más conocidos de la oposición. Le dicen al adversario con actitud de “perdonavidas” que recojan los vidrios del 02 de diciembre y proponen una “reconciliación” como diciéndoles: “ o la agarran o los desaparecemos”.
Si usted se toma la molestia de ver los programas televisivos más emblemáticos de los canales del Estado podrá sacar otras conclusiones. Por supuesto que no es posible conciliar con un alto ¡ catedrático universitario ¡ que dice no explicarse cómo es que en Venezuela hay 4.500.000 oligarcas que votaron por el “no”.
Hay, en cambio, de parte de otras personas unas reflexiones autocríticas sobre el contenido de la reforma y sobre la necesidad que exista más discusión interna y menos dependencia de una sola voz.
Lo que hace admirable cualquier reconciliación política es la dificultad de la misma. La iniciativa debe estar dirigida a: 1°) Aceptar que se puede lograr una mínima coexistencia entre dos sectores numéricamente casi iguales; 2°) Reconocer las fortalezas y debilidades conceptuales del adversario; 3°) Hurgar en puntos importantes en que pueda haber coincidencias sin sacrificio de los principios básicos; 4°) Conectarse o comunicarse con los representantes del adversario que están dispuestos, cuando menos, a leer u oír lo expresado por el otro; 5) Actuar con la mejor ponderación de todas las circunstancias en juego.
No es fácil pero tampoco imposible.
Vicente Amengual Sosa. c.i. 3.202.469

miércoles, 5 de diciembre de 2007

LAS CONSECUENCIAS JURÍDICAS DEL REFERENDO.

Una de las personas que siempre ha aparecido en los medios de comunicación como uno de los principales voceros del movimiento político favorable al gobierno, ha expresado ayer martes 04-12-2007 que de todo lo que fue rechazado por el pueblo venezolano en la votación del domingo 02-12-2007, lo único que en realidad no puede aplicarse es lo de la reelección presidencial. Todo lo demás, aseveró, puede llevarse acabo mediante leyes, inclusive hasta por vía reglamentaria.
Al respecto valen estas observaciones: 1) En principio, nada de lo rechazado puede llevarse a cabo por ningún medio, pues el pueblo en ejercicio de su soberanía mediante el voto así lo dispuso (artículo 5 constitucional). 2) Corresponde ahora hacer un ejercicio de las distintas situaciones presentes en la negación de la reforma. Esto es muy importante porque más temprano que tarde se van a llevar al seno de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia muchas situaciones a ser decididas. Es preciso estar preparado legalmente para ello.3) Todas las innovaciones que se trataron de aprobar con la reforma y que afectan el espíritu de la Constitución de 1999 no pueden, bajo ninguna forma, ser llevadas a la realidad. La propiedad privada, la reelección presidencial, la división del poder, entre otras, forman parte de eso. 4) Por medio de la reforma se trató de convalidar situaciones que fueron creadas sin el debido soporte constitucional. Estas quedaron automáticamente y tácitamente, en virtud de la voluntad popular, en condición de inconstitucionales. En este caso entran aspectos relativos, por ejemplo, a las misiones. En el caso de estas, habida cuenta que son inobjetables como solución social, deberá producirse una adaptación a lo dispuesto por el pueblo. Hay la forma y de eso nos ocuparemos en otra entrega. Otras son, sencillamente, irrecuperables. 3) En la proposición de reforma se incluyeron materias que se podían haber llevado a cabo sin necesidad de estar previstas en ella, pues ya la Constitución de 1999 daba campo para aplicarlas. No es el caso de discutir aquí porqué se las incluyó. Pero ahora, siendo innovaciones importantes, nos encontramos con el obstáculo que el pueblo las rechazó. Me refiero, por ejemplo, a la seguridad social de trabajadores independientes y la reducción de la jornada de trabajo. Aquí también se impone el hallazgo de una fórmula para solventar el problema. Pero hay que ser sumamente cuidadoso con eso.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Una nota del humor del referendo.


En un país como el nuestro, donde todo se ha radicalizado hasta tal extremo que uno no puede concederle absolutamente nada al adversario, resulta odioso para algunos amigos míos que yo diga o reconozca algunas cosas buenas del Presidente Chávez.
Una de ellas es el uso casi siempre correcto del lenguaje (correcto no quiere decir apropiado) y de las técnicas oratorias (las pausas, salirse bastante del tema central y volver a este sin dificultad, pronunciar bien las palabras, etc.)
Pero ayer cuando reconoció la victoria del bloque del "no" - seguramente por la emoción y no era para menos - señaló que ese era un triunfo "pírrico". Creo que no fue eso lo que quiso decir. Seguramente buscó en la memoria una palabra compuesta por dos "i" seguidas y una "o" y esa fue la que le salió.
Pero, en verdad, el Presidente mejor que nadie sabe que un triunfo pírrico es un triunfo de poco significado, de un esfuerzo muy grande por poco resultado, y lo del referendo es un triunfo de grandes ligas. Se necesitará tiempo para medir todos sus alcances.
Seguramente quiso decir que fue "mínimo", pero tampoco. 300 mil almas no son nada despreciables, menos aún si ya es evidentísimo que fueron cerca de 700.000.
No puede ser que fue "típico", no, no cuadra, además que en Venezuela esto es algo excepcional, sin precedentes.
Menos quiso decir que fue "cínico". No pega, además que en todo caso el cinismo podría ser del ente rector electoral. Es inimaginable esta opción.
A mi, para evitar mayores discusiones, creo que lo que quiso decir el Presidente es que el triunfo fue "bíblico". Todo el mundo estaba pegado a las Sagradas Escrituras implorando el resultado que se obtuvo. Eso es. De nada, Presidente.