viernes, 28 de diciembre de 2007

LA VERSIÓN VENEZOLANA DEL “DREAM TEAM”

Muchos de los aficionados al deporte recordarán aquel famoso equipo norteamericano de baloncesto de la década de los años 1990, encabezado por “ Magic Jhonson”, para el cual se acuñó la frase de “dream team” ( o “equipo soñado”, en términos criollos) aludiendo así a aquella perfección deportiva que los hacía imbatibles.
Antes de ellos, existieron en otros deportes “equipos soñados”, aún cuando no se refirieran a ellos en esos términos, como la maquinaria roja de Cincinnati (1975) o el Brasil de México 70.
Con posterioridad al “dream team” original podemos ubicar en tiempos recientes al Real Madrid de Ronaldo o al Barcelona de Messi y Ronaldinho, al equipo olímpico de boxeo de Cuba o al equipo chino de gimnasia olímpica, entre otros.
Reivindico para Venezuela, en particular para Aragua y muy especialmente para Maracay, el “dream team” producto del ensamblaje del equipo de bolas criollas femenino y de “kickinball” del Colegio de Abogados del Estado Aragua, ya que muchas de las atletas participaban en ambas disciplinas.
Cojan palco: La pitcher estelar del kickinball era Marisol Plaza, ex Procuradora General de la República, primera base Yubirí Romero Notario Público Primero de Maracay (arrime en el de bolas); Gladis Castillo, segunda base, ex Juez de Menores; Gregoria Medina, creo que tercera base, Fiscal del Ministerio Público; boche estelar a veinte varas la hermosa Betty Torres, ex magistrada de la Corte Segunda en lo Contencioso Administrativo; jardinera derecho Isbelia Caballero, magistrada titular de la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia; creo que era “marranera” en el equipo de bolas y también jugaba en el de kickinball Luisa Ortega Díaz, la recién nombrada Fiscal General de la República; Gioconda Landaeta, también del kickinball, Inspectora de Tribunales; pitcher Miriam Pacheco, Juez Penal del Estado Aragua (hoy jubilada). Y saben quién era el director técnico y entrenador del equipo femenino de bolas: Isaías Rodríguez, todavía Fiscal general de la República. Que me disculpen a quienes no recuerdo en este momento.
¿ Es o no es un dream team?. Ahí se los dejo. Y hablo con conocimiento de causa - aún cuando admito que pueda haber algún error en la ubicación más no en las personas - porque yo era el Presidente del Colegio de Abogados de Aragua para ese entonces.
Un saludo afectuoso para todos ellos, creo que todos Magallaneros, de este Caraquista de 50 años. Vicente Amengual Sosa.

Leer libros, muchos libros.


Conozco muchas personas que han leído muchos libros y dejan ver que lo han hecho. He visitado casas donde hay bibliotecas que infunden respeto. En días pasados encontré un artículo de opinión en un diario nacional en el que se hacía referencia a personas que han hecho de los libros una pasión. El autor del artículo se permitió, inclusive, hacer como una especie de galería de los grandes lectores. Ese artículo genera este comentario.
Cuál es el sentido de haberse leído muchos libros en la vida ?
Será por el puro objetivo de alcanzar el mayor conocimiento posible ?.
Si lo aprendido de la lectura de libros no se difunde o no se coloca como una herramienta en alguna parte de la colectividad, entonces no tiene ningún sentido. Es como si alguien descubriera una solución contra el cáncer y no la revelase. O como que una persona haya acumulado obras de arte y no las exhiba.
En realidad, leer libros, muchos libros, es una parte importante del camino, tanto como la meditación o la reflexión sobre lo leído, y tanto como divulgarlo o utilizarlo de alguna manera.
En verdad, quien lee libros, más aún si son muchos, va formando dentro de sí y gracias a la meditación o reflexión de lo leído, muchos libros más que merecen ser exteriorizados de alguna manera y mejor todavía si se editan y distribuyen.
Una desproporción inclinada más hacia la lectura puede ser hasta mezquina. Prefiero personas que leen menor cantidad de libros y proporcionalmente hacen circular la riqueza que dimana de su reflexión o meditación.
Siempre en la vida el término medio, el equilibrio, es la meta.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Acusado de "reconciliador".


De la noche a la mañana la palabra "reconciliación" se escapó del diccionario y pasó a significar algo así como un sentimiento no deseado. Pesuvistas y opositores de los extremos - al parecer son los que tienen más vocería en cualquier medio - rechazan cualquier reconciliación con el adversario. Unos dicen que el vocablo implica reencontrarse con alguien del que uno se ha alejado y eso no es posible con quien nunca se ha tenido cercanía. Otros dicen que es imposible hacerlo con quien no comparte tu manera de ver y sentir la vida, que , según eso, es la correcta. En fin, sea cual sea el argumento, lo cierto es que la conclusión es radical: no queremos ni necesitamos reconciliación con nadie.
Frente a eso hay una tímida tesis que aconseja coexistir a pesar de las diferencias, sobre la base de un mínimo de entendimiento que permita crear las bases propicias para definir un modelo político, económico y social aceptado por la gran mayoría.
En realidad, esto último no es una idea alternativa ni una opción. Es lo que siempre hemos hecho en parte o tal vez lo que hemos intentado hacer sin concluirlo adecuadamente. Lo importante es determinar cuánto se ha avanzado en ese objetivo en los últimos años. Creo que muchos llegamos a ver el comienzo de una vía rápida en algún momento del pasado reciente, pero sinceramente siento que no hemos avanzado nada.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

A Rafael Palacios, “Límites del liderazgo y conciencia socialista”.

El Nacional 18-12-2007
Es impresionante en su cantidad y más aún en su contenido, las reflexiones autocríticas que han hecho algunos “pesuvistas” y otros partidarios del gobierno, partiendo de los resultados del referendo sobre reforma constitucional.
Lo que se negaba o nada se decía antes del mismo, aflora ahora en una intensidad cada vez más creciente. Lo primero es que una reforma de esa entidad en todos los órdenes requería una discusión a fondo. No es posible la fórmula “ pueblo, apruébame estas normas jurídicas y yo luego te diré qué significan y hasta dónde llegan.”
Una proposición hecha a conciencia no podía pasar por la aberración de ser alterada o modificada en pocos días por la Asamblea Nacional y tener, además, un añadido igual a la idea inicial. Significa que no se la había estudiado bien.
Ni siquiera la idea esencial de conducir el país al socialismo tuvo consideraciones de interés y en el texto de la reforma era una enunciación sin contenido y hasta con contradicciones. En ese sentido puedo afirmar que la discusión sobre el socialismo y qué tipo de socialismo pudiera querer el venezolano, está pendiente. Lo que sí pareciera tener claro una parte sustancial del país es que no acepta a muchos de los que se proclaman socialistas, dado que sus acciones u opiniones pueden ser cualquier cosa menos algo que supone un profundo humanismo.
El socialismo tiene un carácter profundamente reivindicativo, es decir, supone que va a actuar en una sociedad que históricamente se conformó de manera injusta y desigual. Por ello, el socialismo tiene que ser inexorablemente de alto contenido ético. Juzgue usted mismo qué ha pasado aquí con esto. Muchos de los voceros (a) con poder de decisión no están en esa línea y aplastan a los que piensan de verdad en una sociedad mejor.
Sería interesante que la autocrítica determinara cuánto porcentaje del electorado medra en un objetivo distinto al ideológico y apoyó sin convicción el proyecto.Hay que entender, de una vez, que una reforma constitucional consiste en una labor jurídica que se sostiene en un presupuesto de hecho, en un “arraigo”cultural que la hace viable. Impulsarla en vacío, como en el caso nuestro reciente, significaba que, aún aprobándola por cualquier razón extraña a ese arraigo, iba a ser de difícil implementación en algunos casos e imposible en otros. Desde una visión razonable, ética, principista, de la vida nacional todo planteamiento sobre esta última sigue pendiente. Esa es la parte más importante de la autocrítica que hacen algunos “pesuvistas”.

lunes, 17 de diciembre de 2007

RESPUESTA DE ALBERTO ARANGUIBEL

El siguiente es el texto de la respuesta de Alberto Aranguibel a mis comentarios publicados en este blog el día 16-12-2007 sobre su artículo "GANO EL ANTICOMUNISMO", publicado en "Ultimas Noticias" el pasado viernes 14 de diciembre. Opto por hacer una transcripción total, pues así se conserva mejor el texto, para lo cual él me ha autorizado. Le agradezco al nombrado columnista su generosidad por responder a mis inquietudes y pronto escribiré otras líneas, en la seguridad que estamos haciendo un ejercicio democrático verdadero por nuestro país. Este es el texto de su respuesta:
"Escribo fundamentalmente para agradecer su amable comentario. El tiempo que usted ha dedicado no sólo a leernos, sino a madurar una muy bien estructurada reflexión sobre las ideas que ahí expresamos, está en perfecta correspondencia con el elevado sentido de responsabilidad que nos mueve al escribir esas líneas (en las cuales el mayor esfuerzo es tratar de articular algo medianamente coherrente en tan poco espacio), con la sola salvedad de dos asuntos que quisiera ver si es posible incluir en su blog con carácter de una modesta réplica de mi parte. En primer término, que en ningún momento quise expresar ahí que la propuesta de reforma constitucional presentada al país por el presidente Chávez, era en modo alguno una propuesta de corte comunista. Eso lo colidió usted de forma bastante forzada, si me lo permite decir así, porque lo que supone el sentido genérico que utilicé es que el imperialismo ve (no ahora, sino desde hace casi un siglo) en todo aquello que no le convenga a su ideario capitalista una amenaza diabólicamente comunista y que en ese sentido orienta su maquinaria propagandística (mejor conocida como "la industria del cine y la televisión"). La referencia era directamente a lo demencial de políticas como el llamado "macartismo", que persiguió y reprimió en el siglo XX a cientos de miles de ciudadanos de ese país en una cacería de brujas perversa y fascista como la más inhumana inquisisión, de lo cual hoy quedan profundas secuelas en los países de su esfera económica y comunicacional (entre los cuales somos, lamentablemente, uno de los más directamente afectados).Luego quisierea aclarar lo del "miedo". De ninguna manera pretendí expresar en ese breve texto la idea según la cual la propuesta era presentada como mecanismo de coacción o de presión sobre la sociedad, basada en el recurso del terror como instrumento. Al miedo al que hago referencia, perfectamente clara, es al que inoculan las campañas anticomunistas en la gente (la oposición venezolana, por ejemplo, que desde hace más de ocho años es víctima permanente del terror que se les inyecta desde los medios privados de comunicación). No puede torcerse la intención de una idea expresada con la mayor honestidad en la forma en que usted lo hace. Lo correcto, si es que es verdad que usted quiere ser igualmente honesto, es que desarrolle usted su propuesta sin adulterar lo que el autor que usted analiza ha escrito. Si la fuerza de su argumento es la que usted considera, entonces no debería tener problema alguno de credibilidad. De otra forma, lo que hace es reforzar lo que desde siempre se ha dicho de la oposición sin que ella pueda desmentirlo; que su única propuesta es la mentira y el engaño.

NOTAS A RIGOBERTO LANZ SOBRE LA RECONCILIACION.

SOBRE LA IMPOSIBLE RECONCILIACIÓN

Si nos atenemos a lo estrictamente expresado por usted en su artículo ¿ Dijo usted reconciliación?, publicado en El Nacional del domingo 16 de diciembre del año 2007, tendremos que a lo que realmente se opone es al vocablo “reconciliación” para referirse a “la búsqueda de espacios de diálogo político, zonas de distensión para que la gobernanza prospere, puentes y negociaciones de todo género para que los conflictos no derrapen en violencia ciega.” Es decir, es un simple asunto terminológico.
Posiblemente, sea exactamente eso lo que la gente comúnmente quiere referir con el término en referencia y no lo que verdaderamente significa.
Siendo así, no obstante creer que es valioso su aporte para la discusión, ningún sentido le encuentro a toda esa voluminosa descripción de lo que es la hipocresía de los que mal utilizan el término, ni tampoco encuentro razón para limitarse a hacer un elenco de las infinitas desigualdades, miseria e injusticias en que vivimos. Y no antes sino también ahora, esto es, siempre.
Esas desigualdades y miserias también se desplazan. Ahora hay expresiones de ellas que antes no había y antes había otras que ahora no las hay. El error está en no percibirlas en cada tiempo y creer que no existen o sí existen, según nos interese.
Si partimos del significado del vocablo “reconciliación”, obtendremos la inequívoca convicción de que jamás existirá en ninguna nación del mundo. Ni existe ni existió, pues en toda sociedad, quiérase admitir esto o no, hay barreras, conflictos u obstáculos insalvables o de difícil superación.
Queda aún el recurso de apelar a la conciencia colectiva, al ciudadano medio o promedio de toda colectividad, a aquel ciudadano que los romanos llamaban “el buen padre de familia” y que es una figura jurídica aún perdurable en muchas legislaciones, incluyendo la nuestra, desde cuya óptica “reconciliarse” podría tener el sentido de una aceptación de la realidad sin renunciar a las luchas, perseverar, tratar de que el más cerrado adversario nos oiga y trate de entendernos, tener puntos coincidentes y tantas otras expresiones más.
Reconciliación podría ser así un mínimo equilibrio de convivencia. Desde allí sería posible progresar para todos y en mayor intensidad según más necesidades se tengan. Ese es el cauce de toda la historia. Sin esa mínima reconciliación, que a usted le parece insostenible, tal vez impúdica o falsa, no queda otra realidad que el vacío, la desesperanza y la negación de todo.

Vicente Amengual Sosa.
c.i. 3.202.469

sábado, 15 de diciembre de 2007

Comentarios a artículo de Alberto Aranguibel.

Leo y releo con mucho interés su opinión en “Ultimas Noticias” del viernes 14 de diciembre del año 2007, titulada “Ganó el anticomunismo”. Me interesó porque, no obstante que en nuestro país hay cientos de columnistas que escriben en diarios nacionales y regionales, pocos hacen planteamientos para la reflexión y, más bien, se orientan fundamentalmente a una contradicción simplista de los adversarios o usan métodos muy precarios de convicción.
Es muy importante el reconocimiento implícito que usted hace en el encabezamiento de su artículo según el cual la reforma constitucional, sometida a referendo el día 02 de diciembre pasado, era de corte comunista y que existiendo en nuestro país una realidad cultural contraria a esa ideología, era imposible comprenderla en una campaña electoral de mes y medio.
Para poder lograrlo exitosamente, usted sostiene que es necesaria la “ existencia de una sociedad de convicción verdadera y profundamente revolucionaria”. Cuando me refiero a ese aspecto me gusta más decir que los cambios deben tener “arraigo”. Una Constitución se basa, fundamentalmente, en el arraigo de una realidad en diversos aspectos de la vida que pasan a integrar ese cuerpo legal. Por consiguiente, desde ese punto de vista, la reforma era inviable aún aprobándola.
La principal dificultad que le encuentro al comunismo es la necesaria sustitución de la posibilidad de un pueblo de interpretar su realidad y su destino, por la voluntad de una persona o un grupo reducido que asume esa interpretación.
También esa forma de pensar parte del hecho que el hombre es un ser perfecto que ama la igualdad y la austeridad, que solo actúa en función del bienestar colectivo y que repudia los bienes materiales. No siendo así, según me aconseja la experiencia, creo que la función del gobernante y de los grupos del poder que promueven esas ideas es la de reducir lo imperfecto mediante un proceso educativo (algo que usted también sostiene), ofrecerle al ciudadano la posibilidad de entender la realidad sin prejuicios, plantearle claramente el alcance de todas las alternativas y crear las condiciones objetivas para que todas las personas puedan desarrollarse también individualmente.
Fíjese usted esta inmensa paradoja: El actual gobierno llegó a ser tal con el propósito de erradicar una sociedad abiertamente injusta. Y lo era en buena medida, indudablemente. Nueve años después consideró que era el momento de brincar a una sociedad diametralmente opuesta a la anterior, por lo cual propuso una reforma constitucional. En el intermedio, que son precisamente esos nueve años, el gobierno produjo algunas reformas sociales y políticas de variada intensidad en algunos aspectos, entre las cuales diría que son las más significativas: 1°) impedir la participación del poder económico en la función de gobierno y exigirles impuestos justos; 2°) plantearse la situación de la justa distribución de la tierra, sobretodo la improductiva; y 3°) proponerse la mejor distribución de la riqueza, con orientación a los servicios de salud y educación.
En líneas generales son tímidos alcances, frente a los cuales hay graves padecimientos como: 1°) la exclusión de los adversarios; 2°) la excesiva intervención del sistema judicial y 3°) la desconsiderada discrecionalidad de las decisiones gubernamentales.
A pesar de la desproporción entre lo logrado y lo ideal, es esta etapa, concebida por este gobierno como de transición, la que debería ser definitiva y alrededor de la cual se deberían concebir las reformas, esto es, incorporar nuevas metas y afianzar las logradas en un clima que permita la tolerancia, la diversidad y la justicia. Usted no se imagina hasta qué punto es en este precario éxito obtenido hasta ahora por este gobierno - al cual pretende renunciar en busca de un modelo extremo – donde radica el apoyo que ha tenido. Aquí descansa la posibilidad de reincorporación ( y adopción por otras personas) – cuando se compruebe que esto es efectivamente una meta – de muchos de quienes han abandonado el proceso que se vive. Mientras parezca lo que verdaderamente es, vale decir transitorio, no tendrá una aceptación determinante.
Lo que los gobiernos de este corte ignoran o no logran comprender es que la sociedad injusta, a la cual el hombre tiene una tendencia natural, se corrige mediante su observación diaria, la proposición de diversas soluciones, la actividad contralora, un sistema muy positivo de justicia, la reducción de la justicia extrema, etc. Ello no se puede lograr mediante el simple recurso, que inexorablemente fallará, de establecer normas radicales que prescindan del proceso educativo y de comprensión, imponiéndola por la fuerza y no dejándole al ciudadano ninguna alternativa de realización e interpretación personal.
Permítame que le añada algunas líneas de mi experiencia personal: Soy ajeno a casi todas las expresiones de nuestra vida diaria: publicidad, valores del consumo o del propietario de bienes más allá de los estrictamente necesarios, valores o reconocimientos sociales, competencia, entre otros. Extraigo de este laberinto cosas muy puntuales como: algunas expresiones de la tecnología, con internet a la cabeza; la posibilidad de escoger un bien entre varios, entre otras cosas. Pero esta sociedad que hostiga y que induce al ciudadano hacia fines a veces innecesarios, a mí me ha permitido vivir en paz conmigo mismo, realizarme en los valores del conocimiento, aportar en alguna medida a los demás, por solo decir algunas. Ni yo la perturbo ni me he dejado perturbar por ella. Tuve la fortuna de disponer de la educación, la orientación y el ejemplo para encontrar esas herramientas, incluyendo un aporte sustantivo del Estado. Eso creo que es lo que debería ser y no la imposición vaga, irracional, oscura e imprecisa de fórmulas. El Estado puede coadyuvar en ello pero, lamentablemente, siempre se desvía, se impacienta y entonces obstruye o aplasta. Me parece que usted está tras el reconocimiento de esa realidad y se lo diré al final de este escrito.
Celebro su artículo por la inmensa comprensión de un aspecto en el que no hay ninguna otra reflexión en este país, por supuesto, con las reservas indicadas.
Usted, con su inmejorable escrito, ha contribuido más que nadie – supongo por el texto que sin proponérselo hasta ese punto – a demostrar que para plantear una reforma como la recientemente propuesta es necesaria la previa existencia de una transformación cultural que permitiera discernirla adecuadamente. Solo así el pueblo puede analizar y establecer si le conviene o si no le conviene, y hasta qué punto en ambas hipótesis.
Si en algo pudiese disentir es en la utilización del término “miedo”, si acaso usted lo emplea en el sentido de temor irracional hacia algo. Si, en cambio, lo emplea en el sentido de desconfianza o duda hacia situaciones que pudieran generar arbitrariedades, pérdida de la individualidad o avasallamiento de las instituciones, entonces, creo, que ese miedo seguirá presente en buena parte de la población.
Respetuosamente,
Vicente Amengual Sosa,
c.1.3.202.469