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lunes, 1 de octubre de 2007

Una de esas batallas que parece que no se pueden ganar nunca.

Perdí la cuenta de la cantidad de años que tengo luchando para que mi hermano Alain deje de fumar. Le enseño folletos y folletines sobre el tema de los daños del cigarrillo. Le anuncio programas de televisión sobre el tema. Le leo lo que dicen sus mismísimas cajas de cigarrillo. Le cuento lo que han vivido otras personas. Y nada.
El siempre me da la misma respuesta: Que nuestra familia es longeva fume o no fume, y que la prueba irrefutable es que nuestra abuela paterna vivió casi 108 años.
Por años tuve la esperanza que se diera cuenta que esas cosas no son así.
Ahora, tanto tiempo después, tengo la esperanza que sean así.

jueves, 13 de septiembre de 2007

CÓMO NACER OCHO DÍAS ANTES DE UN HIJO ?
























La mañana del 13 de septiembre de 1976, más o menos a la hora en que esto escribo, me levanté a cumplir con la decisión más dura que me había tocado tomar en mi vida: Dejar de fumar.
Para ese momento me faltaban apenas poco menos de tres meses para cumplir los 30 años. Lo más significativo que hasta ese entonces me había producido el hábito de fumar era que, siendo jugador regular de primera categoría en el futbol aficionado, ya estaba en franca declinación para seguir compitiendo.
Fumé no muchos años pero lo hice intensamente. Había comenzado también en un mes de septiembre, en el año 1963, justo el día en que entré por primera vez a clases en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Fueron, en consecuencia, alrededor de 13 años fumando.
Para dejar de fumar había implementado varios mecanismos a lo largo de por lo menos tres años antes de dejarlo. Trataba de hacerlo parcialmente e iba por buen camino, pero siempre resultaban frágiles ante los imponderables. No, la solución era radical. De un solo plumazo. Ya eso lo sabía y eso me facilitó el camino mental parar emprender la tarea.
( Vale una anécdota. Un día amanecí casi sin cigarrillos y sin mucho dinero. A media mañana, cuando me iba a la Universidad tocaron la puerta de la casa y era una empresa de cigarrillos en promoción. Me dejaron tres cartones totalmente en blanco, marcados A, B y C, indicándome que pasarían dentro de un tiempo para que les dijera cuál me había parecido el mejor. Si la memoria no me falla era una marca "Imperial". De que el diablo tienta, tienta. Me los fumé.)
Bueno, en fin, arranqué ese 13 de septiembre de 1976, razón por la cual hoy estoy cumpliendo años de volver a nacer. Ocho días después ( de allí el título de esta entrega) nació mi hija María Fernanda (Dios la bendiga) y esa era una buena prueba de fuego para ver qué habíamos hecho en tan corto tiempo. A la carajita le dio por nacer en la madrugada y estuve revolviéndome en esa sala de espera con el deseo de fumar aún vivo pero no, dije que !no, coño!. Y vencimos. Así pues, tengo una hija a la que sólo llevo ocho días de edad.
En estos treinta y pico años que han pasado desde entonces y lo digo solo a título de evidenciar el sentido de esa lucha para quienes deseen emprenderla, he corrido muchos maratones ( el de la foto es uno de ellos) , he jugado futbol, futbolito (hasta los 45 años jugaba en alta competencia) y volibol, escalado montañas y algo que creo que es como un trofeo a la constancia: Hice sin inconveniente alguno , hace tres años atrás, la ya tradicional caminata de San Sebastián ( la primera fue de 3 personas y hoy día son miles, mes de enero de cada año) que va desde Maracay hasta Ocumare de la Costa, aproximadamente en unas ocho horas.
Pero la meta y el objetivo de dejar de fumar no son las hazañas ni cosas llamativas. Es la calidad de vida, simplemente.
Tampoco podemos eludir el esfuerzo de dejar de fumar bajo aquello tan trillado de " yo conozco a un señor que fumaba como un árabe ( no sé porqué pagan los árabes) y murió de 90 años" o " Yo conocí un tipo que nunca fumó y murió de cáncer en el pulmón a los 25 años). Majadería. Se trata simplemente de la calidad de vida actual. Si uno pensara para todo en las "incongruencias" de la vida y en el futuro, entonces no haría muchas cosas que hace o haría muchas cosas que no debe hacer. No, todo está en función del ya, del ahora, del hoy que sea bueno, agradable, lo mejor posible. Y fumando eso no es ni será posible.
Como siempre cuando cumplo años no pierdo la oportunidad de divulgar por cualquier medio algo que pueda ayudar a alguien. Algunas personas aceptan mi invitación y me escriben y me preguntan cualquier cosa. Espero poder ser útil.
Conozco muchos secretos y recursos, pues no se crea que al vencerse el hábito a los dos o tres meses, al año o que sé yo, según la capacidad de cada quien, ya somos unos héroes. No, en absoluto. Lo digo sin querer descorazonar a nadie. Ese enemigo está ahí agazapado, esperando cualquier debilidad para apoderarse de uno.
Se le vencerá, entonces, con paciencia, con muchos recursos sobretodo mentales. Uno de ellos, porqué no, es el de sentirse un triunfador, capaz de lo que sea.
(Pongo otro ejemplo para ayudar a las mujeres. Hace unos pocos años atrás me tocó trabajar profesionalmente con una mujer muy hermosa. En algunas ocasiones nos vimos a los ojos con alguna simpatía o interés no profesional, pero cuando me hablaba me noqueaba. Un día que la encontré muy de mañana casi que me chamuscó con aquella fetidez producto del cigarrillo. Perdonen que sea crudo, pero es así).
Concluyo con dos observaciones: una, hay miles de recursos para vencer el hábito o para no caer en él de nuevo, en cualquier época en que se le presente la situación. En casi todos el componente de la autoestima es determinante, la paciencia, el sentido del triunfo, el buen momento actual, etc.
Y la otra. Cuando usted ha vencido ese hábito que lo acogotaba no hay empresa humana que le parezca imposible. Todas le parecerán más fáciles, así se trate de ser astronauta o practicante de deportes extremos. Piénselo.
Gracias por felicitarme en mi cumpleaños de hoy. Y un beso para mi hija, a quien solo llevó ocho días de edad. Vicente Amengual Sosa.

domingo, 3 de junio de 2007

Otra entrega para los Ricardos que quieren dejar de fumar.

Como advertí en la entrega de ayer sábado, continúo hoy domingo y por tres días consecutivos más, contando experiencias personales sobre lo que para mi significó dejar de fumar hace más de 30 años. La inspiración para escribir de esto me la dió un "bloguero" que se identifica como Ricardo, quien narra haber emprendido una lucha con mediano éxito contra el hábito de fumar y que solo le falta el paso definitivo para dejarlo totalmente, para el cual no se siente totalmente preparado.
Ratifico una vez más la sencillez de estas lineas y no una pretendida posición arrogante o de ser mejor que los demás. Solo quiero colaborar aunque sea en algo mínimo.
Veamos hoy otro ángulo de la lucha. El que toma la decisión de emprenderla tiene varias motivaciones posibles: siente aquella amargura en la boca cuando se levanta o escupe cosas horribles o siente que muchas personas lo tratan de lejito por aquel tufito de la piel o le duele la cabeza o ve que no puede correr o caminar bien, o siente que su pareja que lo quiere mucho trata de no besarlo (a) en la boca por la hediondez de su aliento (se nota, así use lo que use para esconderlo).
El escenario para tomar la decisión es el más solitario del mundo: la habitación donde se duerme o encerrado en la oficina o caminando a solas por la calle, madurando cuándo y cómo se tomará la decisión. Piensa que para afrontar la abstinencia no comprará cigarrillos y masticarás chicles o caramelos.
Todo esto que hemos dicho hasta ahora es lo más común o "standard" en el problema.
Pero la realidad es otra y es más avasallante. Si la conocemos desde antes de tomar la decisión, al menos habremos ganado que no habrá sorpresas en el asunto. Lo demás es ganancia.
Pero resulta que de pronto usted está en su auto con una amiga bajando a la inmensidad de la Gran Sabana, o comiéndose una marquesa de almendras en la pastelería frente a la Iglesia de la Colonia Tovar o tullido de frío tomándose un "calentao" en el Refugio Mucubají de los páramos vía Mérida. Piensa que lo único que le falta para que todo sea perfecto es... el cigarrito.
Qué opciones tiene: 1) Utilice el recurso de pensar que cinco minutos de un cigarrillo le van a dañar un esfuerzo de varios días y que tendrá que utilizar más tiempo que ese para curar los efectos del mismo en su organismo; 2) Puede imaginarse lo triunfador que se sentirá a la mañana siguiente cuando se levante y puede que esto compense y sobrepase el placer de los 5 minuticos del cigarrillo; 3) No diga "uno solito, tampoco puedo ser tan radical", puesto que dentro de un rato dirá "dos solitos"; 4) Párese, dése una vuelta, hable, camine, si está en Mucubají baje corriendito hasta la laguna, si está en el "Hato Grill" de la avenida La Salle, póngase a ver las fotos viejas que tienen allí, y así por el estilo. Es bastante probable que se le olvide el cigarro por un tiempo. Luego verá qué hace ; 5) No le cuente a nadie de su iniciativa, salvo su pareja. No hay cosa más fastidiosa que un amigo, compañero de trabajo, etc. cuando uno está en el momento crítico de la lucha. Son los que dicen: "Te vas a poner con esas pendejadas, la vida es una sola" o " no te dés mala vida, anda, uno solito". Para ese vicio o cualquier otro, si a uno lo fastidian diciéndole que "te vas a poner con esa mariquera", no pela el recurso de decir que te lo prescribió el médico por cualquier vaina, mientras te hacen unos exámenes. Este país es de la cultura de que lo que dicen los médicos es "santa palabra". Decirles a lo jalisco que quiere dejar de fumar y que no quiere más nada es lo ideal, sobretodo si tiene la cara dura para aguantar el fastidio, las risitas y los comentarios burlones; 6) por supuesto que debe tratar de evitar esas personas y esos ambientes en la fase crítica; 7) la fase crítica depende de cada quien, por lo que mientras más firme se sea, más rápido saldrá de ella; 8) acuda al recurso de pensar las cosas que está por lograr si deja el cigarrillo y que echará para atrás si vuelve a caer en el vicio; 9) hay muchos recursos secretos, digámoslo así, porque pueden ser o parecer odiosos, pero en esta lucha no hay tregua ni cuartel. Le indico uno solo para que la imaginación vuele: vea a los fumadores a su lado y reconozca que los siente... digamos solo débiles. Imagínese el color de la piel de sus dedos, el olor de su ropa y el de su boca. Esto ayuda.; y 10) con estos consejos anteriores su inteligencia le dará para inventar otros recursos.
Estas cosas crudas no se la dicen en ningún manual ni instructivo de ninguna asociación contra el hábito de fumar ni en ningún programa radial o televisivo. Se las dice un ex fumador empedernido que venció el hábito hace treinta años y 263 días. Adelante Ricardos.

jueves, 31 de mayo de 2007

Un aporte a quienes luchan por dejar de fumar.


Uno fuma por muchas razones y cuando pretende dejar de fumar cada una de ellas es un obstáculo. Eso tiene que saberlo quien se encuentre en la situación de querer dejar el cigarrillo. Uno fuma porque es placentero, porque es agradable después de un café o después de las comidas, porque sirve para ocupar tiempo o para tranquilizarse por cualquier cosa. Fuma porque aunque todo eso ya no sea una razón, sencillamente hay una dependencia y la abstinencia provoca un malestar muy grande.
Son descorazonadoras estas palabras, verdad ?.
Sí, es cierto, pero es mejor advertir que así de grande es también el esfuerzo para dejar el vicio y no ocultar cosas que luego son unas murallas muy resistentes contra la decisión que se haya tomado.
Quiero decirles algo personal, perdónenme, pero desde allí puedo tal vez brindarles alguna ayuda.
Yo fumé desde el 01 de septiembre de 1963 hasta el 13 de septiembre de 1976, es decir, 13 años y 10 días. Cuando dejé de fumar tenía casi 30 años de edad. Jugaba fútbol en primera categoría amateur y ya empezaban a mermar mis condiciones físicas. Con frecuencia tenía tos y una sensación de amargura en la garganta.
Hoy, 31 de mayo del año 2007 tengo casi 31 años que no fumo y tengo 60 años de edad. Celebro el 13 de septiembre de cada año como el de mi nacimiento. Lo celebro con amor y con orgullo porque tomé la decisión de dejar el vicio. Apenas 8 días después de dejar de fumar nación mi tercer hijo, María Fernanda. Había previsto lo que significaría esa noche de su nacimiento en el ánimo de un fumador empedernido. La espera, el nerviosismo, la vigilia, etc. Pero llegó el día y enfrenté el reto. No fumé. Desde entonces le digo a mi hija que tenemos la misma edad y que apenas soy 8 días mayor que ella. Siento que nací de nuevo el día que dejé de fumar.
En estos 31 años que llevo sin fumar he jugado cientos de partidos de fútbol y futbolito, volibol y he corrrido decenas de maratones. Estos 31 años los he vivido plenamente porque vencí el vicio y hasta ahora, gracias a Dios, he tenido una salud buena, la cual me permite hacer ejercicios a diario ( un día pesas, otro bicicleta y otro trote), pensar y trabajar con muchos menos dificultades que en los días de vicioso. Y sobretodo, por encima de todo, lo más importante de todo, una autoestima que me ha ayudado mucho.
Cómo hacer ? Aquí está el humilde aporte. Ojala pueda ayudar y si quiere pregúnteme algo por vía de este blog y sé que algo, por pequeño que sea, podré hacer. Dos cosas : 1°) Asumir y entender que es difícil, que tiene que prever tentaciones y flaquezas pero que es usted o el cigarro, que lo presionarán por aquello de "que la vida es una sola y hay que disfrutarla", que pensará "uno solito mientras me acostumbro". No, sencillamente no. Tenga una respuesta para cada situación y repita que no, "soy un triunfador", esto me va hacer daño, tendré mal aliento (tenía un profesor que nos obligaba sin que él se diera cuenta a sentarnos en la tercera hilera frente a él para poder soportar aquel aliento fétido), no me puedo dejar convencer con aquello de que hay fumadores que mueren de 90 años y tipos que no fuman y se mueren de 30 (puede suceder, pero estadísticamente no es así). No ! coño! no. Quiero sentirme bien. Y 2°) Cortar el vicio de un solo trancazo. A mi me dio fiebre y una profunda somnolencia, hablaba como si estuviera ebrio, todo ello por la abstinencia. Pero luego y cada día más y cada semana y cada mes y cada año más uno siente que es capaz de cualquier cosa en la vida, que tiene fuerza, energía estima, ! bolas !. Y eso es todo.