Casi que es inimaginable a la señora Elena haciendo el papel de jodedora. Seriecita, muy convencional, apegada a las reglas sociales de los matrimonios, es de aquellas que se sienta junto a su marido en una reunión social y ve pasar la noche pegadita junto a él, hablando de sus obligaciones como ama de casa, de los muchachos y de los compromisos con la casa parroquial, dándole uno que otro sorbito a un vino rosado y comiéndose los tequeños de trocito en trocito que rebana con los dientes de adelante.
Pero algún día se estalla. Y por ahí se puede empezar, es decir, por allí puede salir el jodedor que cada cual lleva por dentro y que seguramente se ha negado a salir porque su dueño lo ha encarcelado injustamente.
Resulta que una noche varias parejas se encuentran hablando de política en la barra de una tasca, en espera del inicio de una convención profesional. Llegadas las nueve de la noche, el televisor anuncia pomposamente el inicio de su novela estelar “El magnate”. Doña Elena se aparta un poco del grupo que está embebido en su discusión y ve hacia la pantalla televisiva con total atención, justo en el momento en que anuncian al galán de la telenovela....! fulano de tal...!. Reacciona y pensando que no la oye nadie dice a media voz: “ ¡ a esta novela no la deberían llamar El magnate sino El mangote...”. El marido que la oye, sorprendido, atónito, por aquella reacción de su hasta ahora pacata esposa, le señala con cierto disgusto”.
“ ¡ verga, mija, no sabía que te gustaba tanto así ese tipo, no te da pena que ese es un viejo todo arrugao...”
La esposa ve a su marido también sorprendida porque la han agarrado “con las manos en la masa”, ve luego a la pantalla del televisor como constatando lo que él ha dicho sobre su galán de la novela y ya sin poderse echar hacia atrás, decide echar el resto y revelar esa parte que quién sabe cuánto tiempo mantuvo reprimida:
“ ¿ arrugao dices tú?, bueno, no importa ¡ yo asumo esa responsabilidad!.
miércoles, 28 de febrero de 2007
martes, 27 de febrero de 2007
La casimba o cacimba.
Contrariamente al presentimiento que tenía, la palabra “casimba” con “s” (esta es una forma que usamos comúnmente algunos latinoamericanos, en lugar de dejar que se comprenda si es con “s” o con “c” según la pronunciación que de una palabra se haga) aparece en la versión actual del Diccionario de la Lengua Española.
Pero, cosa curiosa, se señala allí que la misma se utiliza en Venezuela y Perú para referirse a un hueco que se hace en el suelo para obtener agua, mientras que “cacimba” con “c” también se refiere a un hoyo que se hace a la orilla de los ríos para buscar agua.
Oí hablar por primera vez en mi vida de una casimba hace cosa de dos o tres años (estamos en el último día del mes de septiembre del año 2004) y quien la usó me dijo que hasta los años sesenta cada quien tenía una en su casa para proveerse de agua. Los acueductos acabaron con las casimbas.
Me refiero a una zona de la parte más septentrional de América del Sur, cercana a lo que muchos venezolanos llamamos el “cuellito” que conduce a la península de Paraguaná, pues se trata de una estrechísima faja de tierra que termina en una especie de cabeza donde se encuentran, entre otras cosas importantes, las refinerías petroleras.
La zona donde oí lo de las casimbas tiene unas pequeñas montañas que terminan abruptamente en el mar y son de los parajes más solitarios que uno pueda imaginar. Es como una especie de brazo en el mar, es decir, agua a ambos lados del brazo y bordeando el puño de la mano.
En la punta extrema de la mano de tierra vivió un inglés que sembraba tabaco y había aprendido a bajarlo por el cerro que daba a la bahía y calarlo en embarcaciones a las que accedía con un ingenioso desplazamiento por entre las corrientes marinas que movían duramente su pequeña nave.Tal como me lo describieron, me imaginé que aquel inglés ordenado y metódico debió tener y cuidar celosamente su casimba. Pregunté por eso, pero no lo sabía nadie. Solo recodaban que sembraba y cosechaba tabaco.
Pero, cosa curiosa, se señala allí que la misma se utiliza en Venezuela y Perú para referirse a un hueco que se hace en el suelo para obtener agua, mientras que “cacimba” con “c” también se refiere a un hoyo que se hace a la orilla de los ríos para buscar agua.
Oí hablar por primera vez en mi vida de una casimba hace cosa de dos o tres años (estamos en el último día del mes de septiembre del año 2004) y quien la usó me dijo que hasta los años sesenta cada quien tenía una en su casa para proveerse de agua. Los acueductos acabaron con las casimbas.
Me refiero a una zona de la parte más septentrional de América del Sur, cercana a lo que muchos venezolanos llamamos el “cuellito” que conduce a la península de Paraguaná, pues se trata de una estrechísima faja de tierra que termina en una especie de cabeza donde se encuentran, entre otras cosas importantes, las refinerías petroleras.
La zona donde oí lo de las casimbas tiene unas pequeñas montañas que terminan abruptamente en el mar y son de los parajes más solitarios que uno pueda imaginar. Es como una especie de brazo en el mar, es decir, agua a ambos lados del brazo y bordeando el puño de la mano.
En la punta extrema de la mano de tierra vivió un inglés que sembraba tabaco y había aprendido a bajarlo por el cerro que daba a la bahía y calarlo en embarcaciones a las que accedía con un ingenioso desplazamiento por entre las corrientes marinas que movían duramente su pequeña nave.Tal como me lo describieron, me imaginé que aquel inglés ordenado y metódico debió tener y cuidar celosamente su casimba. Pregunté por eso, pero no lo sabía nadie. Solo recodaban que sembraba y cosechaba tabaco.
sábado, 24 de febrero de 2007
Al final del camino.
Al principio fueron simples advertencias sobre los riesgos que corría. Después se pasó a reproches que crecían a la par del crecimiento de su terquedad. Cuando se agotó la paciencia de la familia, entonces se usó el único recurso que ellos consideraron que quedaba: el de acudir a los tribunales.
La junta médica promovida en juicio por la familia, tres psiquiatras forenses que reunidos parecían un retrato de la incoherencia y hasta de la locura, fueron enfáticos y unánimes: “ El ciudadano - en la terminología legal no se usa el “don” ni siquiera para quien más se haya ganado el término – no padece de ningún trastorno mental. El que tenga setenta años de edad y haya sufridos dos accidentes cerebrales; el que tenga dificultades para algunas funciones vitales, entre ellas las de hablar y el que se haya relacionado sentimentalmente con una joven de veintiocho años y esté consumiendo con ella parte de su cuantiosa fortuna, no son indicios que padezca de demencia ni nada que justifique una medida cautelar sobre sus bienes.”
Las sentencias judiciales no pueden entrar en consideraciones de otra índole. Pero pueden significar que el amor no es locura y muchas otras cosas más.
La junta médica promovida en juicio por la familia, tres psiquiatras forenses que reunidos parecían un retrato de la incoherencia y hasta de la locura, fueron enfáticos y unánimes: “ El ciudadano - en la terminología legal no se usa el “don” ni siquiera para quien más se haya ganado el término – no padece de ningún trastorno mental. El que tenga setenta años de edad y haya sufridos dos accidentes cerebrales; el que tenga dificultades para algunas funciones vitales, entre ellas las de hablar y el que se haya relacionado sentimentalmente con una joven de veintiocho años y esté consumiendo con ella parte de su cuantiosa fortuna, no son indicios que padezca de demencia ni nada que justifique una medida cautelar sobre sus bienes.”
Las sentencias judiciales no pueden entrar en consideraciones de otra índole. Pero pueden significar que el amor no es locura y muchas otras cosas más.
viernes, 23 de febrero de 2007
Del poemario "Brújula", el poema "Digo".
DIGO
Recuerdo la forma en que tratabas
de inventar tu camino.
Recuerdo la noche
en que pasó el cartero
que juró no volver.
Hicimos camino, digo.
Hago memoria
del dorso de tu mano
convertido en pañuelo.
De la luna sin menguante.
Del vago concierto de los pájaros.
De la eternidad de las sombras.
En fin, un camino. Eso digo.
Recuerdo la forma en que tratabas
de inventar tu camino.
Recuerdo la noche
en que pasó el cartero
que juró no volver.
Hicimos camino, digo.
Hago memoria
del dorso de tu mano
convertido en pañuelo.
De la luna sin menguante.
Del vago concierto de los pájaros.
De la eternidad de las sombras.
En fin, un camino. Eso digo.
jueves, 22 de febrero de 2007
Viendo "La Hojilla"
El programa "La Hojilla" que conduce Mario Silva tiene múltiples facetas. Un mismo televidente, esté o no identificado con el gobierno actual, puede encontrar en ese programa muchos puntos de coincidencia (incluso extremas) y a la vez de rechazo (incluso extremas). El conductor del programa dice tener muy claro esto, agregando que no le importan las consecuencias de sus dichos.
Su única confesa solidaridad absoluta es con el Presidente, la cual defiende a ultranza. El Presidente, por su parte, ha expresado puntualmente que ese programa es en buena medida una vocería suya.
Yo lo veo como demócrata practicante de muchos años, lo cual me lleva a centrarme en 3 aspectos: 1°) Por lo que tiene de vocería del gobierno más allá de las formalidades o de los actos oficiales, pues nos aclara muchas cosas, ideas, intenciones, expectativas, fortalezas y debilidades, etc.; 2°) Por todas aquellas ocasiones en que nos presenta información que podemos evaluar y que de no ser por ese medio no las conoceríamos; y 3°) porque nos permite calibrar o apreciar lo que piensan y hacen personas que no están en función de gobierno, pero están de su parte.
Quizás estos aspectos no representen para mi un porcentaje muy alto del programa pero nos satisface contar con ese material. Lo que desagrada, lo que no tiene utilidad para mi, etc. lo apartamos. Lo aprovecho, pues, en su exacta dimensión.
A las personas partidarias o no del gobierno que me preguntan la razón por la que veo ese programa les digo dos cosas: 1°) Una muy sencilla que es que todos tenemos que oírnos, en cualquier circunstancia y 2°) Los abogados hacemos un hábito de vida, una razón de vida, oír todo cuanto podamos. Expresarse, para nosotros, es un arte. Y después mos formamos criterio para tomar ´la vía que consideramos conveniente.
Su única confesa solidaridad absoluta es con el Presidente, la cual defiende a ultranza. El Presidente, por su parte, ha expresado puntualmente que ese programa es en buena medida una vocería suya.
Yo lo veo como demócrata practicante de muchos años, lo cual me lleva a centrarme en 3 aspectos: 1°) Por lo que tiene de vocería del gobierno más allá de las formalidades o de los actos oficiales, pues nos aclara muchas cosas, ideas, intenciones, expectativas, fortalezas y debilidades, etc.; 2°) Por todas aquellas ocasiones en que nos presenta información que podemos evaluar y que de no ser por ese medio no las conoceríamos; y 3°) porque nos permite calibrar o apreciar lo que piensan y hacen personas que no están en función de gobierno, pero están de su parte.
Quizás estos aspectos no representen para mi un porcentaje muy alto del programa pero nos satisface contar con ese material. Lo que desagrada, lo que no tiene utilidad para mi, etc. lo apartamos. Lo aprovecho, pues, en su exacta dimensión.
A las personas partidarias o no del gobierno que me preguntan la razón por la que veo ese programa les digo dos cosas: 1°) Una muy sencilla que es que todos tenemos que oírnos, en cualquier circunstancia y 2°) Los abogados hacemos un hábito de vida, una razón de vida, oír todo cuanto podamos. Expresarse, para nosotros, es un arte. Y después mos formamos criterio para tomar ´la vía que consideramos conveniente.
Ella, la inolvidable
Recuerdo todas las veces que incansablemente remé por la mar de tus ojos tristes, profundos, intensamente oceánicos.
Recuerdo las contingencias de nuestro amor sin fragua.
Eso fue amor, mujer. Te dejo estas líneas entre los vericuetos que dejan las travesuras del amor, en espera de que lleguen a ti, como desde hace tiempo debió haber sido, y halles en ellas la compensación que te adeudo. Gracias, mujer.
Recuerdo las contingencias de nuestro amor sin fragua.
Eso fue amor, mujer. Te dejo estas líneas entre los vericuetos que dejan las travesuras del amor, en espera de que lleguen a ti, como desde hace tiempo debió haber sido, y halles en ellas la compensación que te adeudo. Gracias, mujer.
Ella, la inolvidable
Recuerdo todas las veces que incansablemente remé por la mar de tus ojos tristes, profundos, intensamente oceánicos.
Recuerdo las contingencias de nuestro amor sin fragua.
Eso fue amor, mujer. Te dejo estas líneas entre los vericuetos que dejan las travesuras del amor, en espera de que lleguen a ti, como desde hace tiempo debió haber sido, y halles en ellas la compensación que te adeudo. Gracias, mujer.
Recuerdo las contingencias de nuestro amor sin fragua.
Eso fue amor, mujer. Te dejo estas líneas entre los vericuetos que dejan las travesuras del amor, en espera de que lleguen a ti, como desde hace tiempo debió haber sido, y halles en ellas la compensación que te adeudo. Gracias, mujer.
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