miércoles, 4 de abril de 2007

Bemoles de la ley seca.

Lo de la ley seca decretada para esta semana santa no es tan simple como para atribuirle todos los males al consumo de alcohol o decir que todos no pueden pagar las consecuencias por culpa de una minoría que se embriaga irresponsablemente y causa accidentes. Estas podrían ser las primeras impresiones para quienes tienen conocimiento de la inesperada medida, pero luego hay que ir más allá.
Nuestro país no es una excepción en cuanto a que el consumo de alcohol está bien extendido en una parte sustancial de la población. Aquí todo se celebra, durante todo el año, con el alcohol como primer elemento de cualquier reunión. Es más, sin él ninguna fiesta puede llamarse tal. Seguramente, si pensamos en la incidencia del consumo de alcohol respecto de la sociedad en general, tales como daños a los bienes públicos, gastos hospitalarios, etc. podamos ver cifras alarmantes, pero que no son atendidas con mucha importancia puesto que no dejan daños al ser humano. Si analizamos la incidencia del alcohol durante todo el año en lesiones y muertes, con particular enfásis en vacaciones como semana santa o carnaval, tal vez comprobemos que son mínimas en cuanto al volumen de la población potencialmente expuesta a riesgo. El punto álgido en esta última hipótesis lo constituye el daño a terceros que son precavidos o responsables, y que deben sufrir las consecuencias de un puñado de irresponsables que circulan por carreteras, calles y avenidas.
De acuerdo a lo que es ya previsible en el mensaje de estas líneas parecería que todo conduce al lugar común de decir que es un asunto de conciencia nacional. Y cuando decimos esto, inexorable e inevitablemente, nos conducimos a la conclusión que el mal no tiene remedio. La pregunta es cómo evitar que puedan manejar vehículos los embriagados irresponsables. También esta conclusión y esta pregunta se la hacen en cualquier lugar del mundo.
Para el Estado es demasiado difícil poder detectar a tiempo a las personas potencialmente peligrosas y tomar medidas hacia ellos. Y aún siendo posible sería más complicado aplicarlas y hacerles seguimiento.
Sancionar a quienes expenden licor a personas en evidente pérdida de su propio control es algo imposible aún en el supuesto que el consumo se haga en locales donde el irresponsable permanece por un buen rato.
Incentivar a parientes, parejas, padres, hijos o amigos para que cuiden o impidan consumir licor a quienes están en situación de riesgo es lo que más o menos se ha hecho casi siempre y resulta difícil en el mejor de los casos, sobretodo si también ellos consumen aunque sean responsables, y en el peor de los casos puede constituir un problema mayor de otra índole.
Y si seguimos analizando lo que se hace en esta materia, veremos cómo se desmorona una por una cualquier solución conocida.
Pero quienes manejamos el optimismo para todo pensamos que se puede hacer mucho. Y eso corresponde al Estado. O fundamentalmente al Estado. Soluciones que en realidad ya existen y soluciones nuevas: 1°) La suspensión o revocación de la licencia de conducir es una de ellas. Pero en Venezuela la aplicación de esa medida es absolutamente inexistente. Es más, lo digo tal cual es, una mamadera de gallo. Por un lado alguien mata a una persona en forma irresponsable, sale en libertad y al día siguiente está manejando otra vez. Aquí si se puede hacer un seguimiento. Y se deben atender las denuncias que hagan los ciudadanos sobre la violación de la suspensión o revocación. Bastaría el señalamiento anónimo, quedando a la autoridad comprobarlo. 2°) El bolsillo, todo lo que tiene que ver con el bolsillo funciona de alguna manera. Quien cause daños a los bienes públicos tiene que pagarlos hasta el último cenntavo, buscando por supuesto una fórmula de no perjudicar gravemente al núcleo familiar. Aquí nunca se ha dado nada de esto. Ningún funcionario público jamás ha hecho nada en firme en esta materia. Arranquemos y veamos. 3°) Intervenir en cada celebración, fiesta, show, concierto, etc. de manera gradual, orientándolas a que el consumo del alcohol no sea el fin en sí mismo de la jornada, además de mantener adecuada vigilancia y hacer que las autoridades requieran las licencias de conducir (partiendo del supuesto que se aplique lo señalado antes). 4°) Estimular a familiares y parientes para que en forma anónima denuncien a quien consideran gravemente expuesto a causar daños a la sociedad en general o terceros en particular. 5°) Facultar a los organismos locales, ahora los Consejos Comunales, para que adopten , medidas preventivas, de orientación o represivas a los comunitarios en situación de riesgo. La imaginación es infinita y es el estado quien debe pensar en ello.
Por lo pronto, ponderando los pro y los contra de la ley seca adoptada para esta semana santa, aún cuando se haya hecho sin la suficiente participación y dada la gravedad del flegelo, hay que apoyarla. Pero esperamos muchos más del estado venezolano, en defensa sobretodo de quienes pueden sufrir las consecuencias de los irresponsables.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Testimonio sobre la Madre María de San José

Para la época en que se exhumaron los restos de la Madre María de San José, yo tenía un programa radial e invité para el mismo, unos días después de dicha exhumación, al Dr. Pedro Guzmán Ferrer, amigo mío, médico forense que estaba a cargo del equipo que la llevaría a cabo.
Le pedí que trajera al programa una nota escrita sobre sus impresiones del día de la exhumación y así lo hizo. Esa nota la conservo aún y en una oportunidad posterior en que encontré al Dr. Guzmán, le solicité autorización para hacerla pública y él lo aceptó.
Es una nota muy sencilla, sin pretensiones propias de quien desea publicar un texto y por ello mismo tiene la autenticidad natural de lo percibido por él. Por lo mismo, pueden también percibirse algunos errores, los cuales, sin embargo, no afectan en modo alguno su valor testimonial.
Deseo compartir ese testimonio con todas aquellas personas de la fe cristiana o quien de alguna manera tenga interés en el tema, a cuyos efectos estoy realizando los preparativos para publicarla por esta vía.
No tendrá ninguna corrección. Es absolutamente auténtica. Esté pendiente. Gracias.

jueves, 1 de marzo de 2007

El gordo del kilómetro 88

En agosto del año 1975 cuatro amigos fuimos a la Gran Sabana e, inclusive, pasamos hasta Boa Vista en Brasil. Para tres de nosotros éste era el tercer viaje por la zona, el segundo de los cuales no pudimos llegar hasta Santa Elena de Uairén porque había crecido un río y se había desbordado.
Pero en este viaje que les narro - todavía la carretera era de tierra y estaba lloviendo - nos encunetamos sin mayores consecuencias una media hora más o menos antes de llegar al kilómetro 88. Cuando llegamos allí nos surtimos de gasolina, de esa del pipote rojo que tenía el gordo del kilómetro 88, última posibilidad de hacerlo hasta Santa Elena. Conversamos con el gordo, un solitario que no hacía otra cosa que eso, hablamos de lo que nos sucedió y nos fuimos.
Todo muy bien. La pasamos de lo mejor. Estando ya de regreso recordamos el pequeño accidente que tuvimos y he aquí que surgió toda una discusión. Dos estábamos de acuerdo que nos encunetamos antes de llegar al kilómetro 88 y dos que fue después. De los dos que decíamos que fue antes (como efectivamente fue) uno decía que no nos había atendido el gordo del kilómetro 88 y otro, yo, que sí fue él. Y de los que decían que fue despues del kilómetro 88, uno decía que no nos atendió el gordo y el otro que sí. Le añadimos miles de pruebas en una u otra posición. Y hasta hicimos el recorrido poco a poco para determinar el sitio, ya que habíamos dejado parte de la pintura del carro en una piedra.
Bien. Como se trata de un hecho sin relevancia alguna, es decir, una simple discusión entre amigos, cada quien alardeando de su memoria y nada más, la cosa terminó ahí. Pero !ojo!, así sea algo tan simple, sin importancia o lo que sea, también es cierto que 32 años después, cuando recordamos el hecho, seguimos en desacuerdo dónde se produjo.
Puede imaginarse usted, señor lector, qué de cosas se habrían podido construir, decir, inventar, relacionar, especular, escudriñar, admiir, negar, exagerar, etc. si alguno de nosotros hubiese tenido interés en sacarle provecho a ese hecho ?
Por esos años nuestro país reafirmaba su soberanía sobre una isla situada entre Venezuela y la Guayana Británica, situada a pocos kilómetros de donde nos encunetamos, todo ellos con una gran ofensiva en los medios de comunicación social. También hubo una rebelión civil de unos vecinos y se les permitió entrar a Venezuela y construir improvisadamente un pueblito donde todos los avisos de las calles y los negocios estaban en inglés. Por esos años, en plena frontera entre Venezuela y Brasil se llevó a cabo la primera reunión de los dos Presidentes de esos países. En unos de esos viajes que hicimos, uno de nuestros acompañantes pensó en traerse a escondidas a un niño indígena de las misiones, bajo el pretexto de liberarlo del sometimiento a los misioneros en el que él decía que el niño se encontraba.
Para ser breve, honrando así el objetivo de este blog, inventemos rápidamente una historia entre millones posibles, con el propósito que ya usted va descubriendo. Pongamos al acompañante que pretendió liberar al niño en este viaje en que nos encunetamos, en el cual él no participó (pero quién se lo puede negar ?, acaso esas cosas no suelen suceder ? y además bastaría con que uno de nostros se prestase a ello y lo ratificase) y lo metemos en la camioneta y decimos que huyendo de la persecución de los misioneros él se encunetó de regreso al centro del país ( en lo que sí estamos de acuerdo todos es que eso fue de ida) y de pronto un buen día aparece como el precursor de un movimiento de liberación indígena. Y si esto pudiere interesarle a más de uno y hay forma de establecerlo, entonces quién podrá negarlo. Lo demás es más fácil. Se busca el sitio, se hace un mural con una camioneta encunetada, se le pone un nombre, se...

miércoles, 28 de febrero de 2007

"Déjelo fluir". Fragmento de "El arte de joder"

Casi que es inimaginable a la señora Elena haciendo el papel de jodedora. Seriecita, muy convencional, apegada a las reglas sociales de los matrimonios, es de aquellas que se sienta junto a su marido en una reunión social y ve pasar la noche pegadita junto a él, hablando de sus obligaciones como ama de casa, de los muchachos y de los compromisos con la casa parroquial, dándole uno que otro sorbito a un vino rosado y comiéndose los tequeños de trocito en trocito que rebana con los dientes de adelante.
Pero algún día se estalla. Y por ahí se puede empezar, es decir, por allí puede salir el jodedor que cada cual lleva por dentro y que seguramente se ha negado a salir porque su dueño lo ha encarcelado injustamente.
Resulta que una noche varias parejas se encuentran hablando de política en la barra de una tasca, en espera del inicio de una convención profesional. Llegadas las nueve de la noche, el televisor anuncia pomposamente el inicio de su novela estelar “El magnate”. Doña Elena se aparta un poco del grupo que está embebido en su discusión y ve hacia la pantalla televisiva con total atención, justo en el momento en que anuncian al galán de la telenovela....! fulano de tal...!. Reacciona y pensando que no la oye nadie dice a media voz: “ ¡ a esta novela no la deberían llamar El magnate sino El mangote...”. El marido que la oye, sorprendido, atónito, por aquella reacción de su hasta ahora pacata esposa, le señala con cierto disgusto”.
“ ¡ verga, mija, no sabía que te gustaba tanto así ese tipo, no te da pena que ese es un viejo todo arrugao...”
La esposa ve a su marido también sorprendida porque la han agarrado “con las manos en la masa”, ve luego a la pantalla del televisor como constatando lo que él ha dicho sobre su galán de la novela y ya sin poderse echar hacia atrás, decide echar el resto y revelar esa parte que quién sabe cuánto tiempo mantuvo reprimida:
“ ¿ arrugao dices tú?, bueno, no importa ¡ yo asumo esa responsabilidad!.

martes, 27 de febrero de 2007

La casimba o cacimba.

Contrariamente al presentimiento que tenía, la palabra “casimba” con “s” (esta es una forma que usamos comúnmente algunos latinoamericanos, en lugar de dejar que se comprenda si es con “s” o con “c” según la pronunciación que de una palabra se haga) aparece en la versión actual del Diccionario de la Lengua Española.
Pero, cosa curiosa, se señala allí que la misma se utiliza en Venezuela y Perú para referirse a un hueco que se hace en el suelo para obtener agua, mientras que “cacimba” con “c” también se refiere a un hoyo que se hace a la orilla de los ríos para buscar agua.
Oí hablar por primera vez en mi vida de una casimba hace cosa de dos o tres años (estamos en el último día del mes de septiembre del año 2004) y quien la usó me dijo que hasta los años sesenta cada quien tenía una en su casa para proveerse de agua. Los acueductos acabaron con las casimbas.
Me refiero a una zona de la parte más septentrional de América del Sur, cercana a lo que muchos venezolanos llamamos el “cuellito” que conduce a la península de Paraguaná, pues se trata de una estrechísima faja de tierra que termina en una especie de cabeza donde se encuentran, entre otras cosas importantes, las refinerías petroleras.
La zona donde oí lo de las casimbas tiene unas pequeñas montañas que terminan abruptamente en el mar y son de los parajes más solitarios que uno pueda imaginar. Es como una especie de brazo en el mar, es decir, agua a ambos lados del brazo y bordeando el puño de la mano.
En la punta extrema de la mano de tierra vivió un inglés que sembraba tabaco y había aprendido a bajarlo por el cerro que daba a la bahía y calarlo en embarcaciones a las que accedía con un ingenioso desplazamiento por entre las corrientes marinas que movían duramente su pequeña nave.Tal como me lo describieron, me imaginé que aquel inglés ordenado y metódico debió tener y cuidar celosamente su casimba. Pregunté por eso, pero no lo sabía nadie. Solo recodaban que sembraba y cosechaba tabaco.

sábado, 24 de febrero de 2007

Al final del camino.

Al principio fueron simples advertencias sobre los riesgos que corría. Después se pasó a reproches que crecían a la par del crecimiento de su terquedad. Cuando se agotó la paciencia de la familia, entonces se usó el único recurso que ellos consideraron que quedaba: el de acudir a los tribunales.
La junta médica promovida en juicio por la familia, tres psiquiatras forenses que reunidos parecían un retrato de la incoherencia y hasta de la locura, fueron enfáticos y unánimes: “ El ciudadano - en la terminología legal no se usa el “don” ni siquiera para quien más se haya ganado el término – no padece de ningún trastorno mental. El que tenga setenta años de edad y haya sufridos dos accidentes cerebrales; el que tenga dificultades para algunas funciones vitales, entre ellas las de hablar y el que se haya relacionado sentimentalmente con una joven de veintiocho años y esté consumiendo con ella parte de su cuantiosa fortuna, no son indicios que padezca de demencia ni nada que justifique una medida cautelar sobre sus bienes.”
Las sentencias judiciales no pueden entrar en consideraciones de otra índole. Pero pueden significar que el amor no es locura y muchas otras cosas más.

viernes, 23 de febrero de 2007

Del poemario "Brújula", el poema "Digo".

DIGO


Recuerdo la forma en que tratabas
de inventar tu camino.
Recuerdo la noche
en que pasó el cartero
que juró no volver.
Hicimos camino, digo.
Hago memoria
del dorso de tu mano
convertido en pañuelo.
De la luna sin menguante.
Del vago concierto de los pájaros.
De la eternidad de las sombras.
En fin, un camino. Eso digo.