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jueves, 1 de marzo de 2007

El gordo del kilómetro 88

En agosto del año 1975 cuatro amigos fuimos a la Gran Sabana e, inclusive, pasamos hasta Boa Vista en Brasil. Para tres de nosotros éste era el tercer viaje por la zona, el segundo de los cuales no pudimos llegar hasta Santa Elena de Uairén porque había crecido un río y se había desbordado.
Pero en este viaje que les narro - todavía la carretera era de tierra y estaba lloviendo - nos encunetamos sin mayores consecuencias una media hora más o menos antes de llegar al kilómetro 88. Cuando llegamos allí nos surtimos de gasolina, de esa del pipote rojo que tenía el gordo del kilómetro 88, última posibilidad de hacerlo hasta Santa Elena. Conversamos con el gordo, un solitario que no hacía otra cosa que eso, hablamos de lo que nos sucedió y nos fuimos.
Todo muy bien. La pasamos de lo mejor. Estando ya de regreso recordamos el pequeño accidente que tuvimos y he aquí que surgió toda una discusión. Dos estábamos de acuerdo que nos encunetamos antes de llegar al kilómetro 88 y dos que fue después. De los dos que decíamos que fue antes (como efectivamente fue) uno decía que no nos había atendido el gordo del kilómetro 88 y otro, yo, que sí fue él. Y de los que decían que fue despues del kilómetro 88, uno decía que no nos atendió el gordo y el otro que sí. Le añadimos miles de pruebas en una u otra posición. Y hasta hicimos el recorrido poco a poco para determinar el sitio, ya que habíamos dejado parte de la pintura del carro en una piedra.
Bien. Como se trata de un hecho sin relevancia alguna, es decir, una simple discusión entre amigos, cada quien alardeando de su memoria y nada más, la cosa terminó ahí. Pero !ojo!, así sea algo tan simple, sin importancia o lo que sea, también es cierto que 32 años después, cuando recordamos el hecho, seguimos en desacuerdo dónde se produjo.
Puede imaginarse usted, señor lector, qué de cosas se habrían podido construir, decir, inventar, relacionar, especular, escudriñar, admiir, negar, exagerar, etc. si alguno de nosotros hubiese tenido interés en sacarle provecho a ese hecho ?
Por esos años nuestro país reafirmaba su soberanía sobre una isla situada entre Venezuela y la Guayana Británica, situada a pocos kilómetros de donde nos encunetamos, todo ellos con una gran ofensiva en los medios de comunicación social. También hubo una rebelión civil de unos vecinos y se les permitió entrar a Venezuela y construir improvisadamente un pueblito donde todos los avisos de las calles y los negocios estaban en inglés. Por esos años, en plena frontera entre Venezuela y Brasil se llevó a cabo la primera reunión de los dos Presidentes de esos países. En unos de esos viajes que hicimos, uno de nuestros acompañantes pensó en traerse a escondidas a un niño indígena de las misiones, bajo el pretexto de liberarlo del sometimiento a los misioneros en el que él decía que el niño se encontraba.
Para ser breve, honrando así el objetivo de este blog, inventemos rápidamente una historia entre millones posibles, con el propósito que ya usted va descubriendo. Pongamos al acompañante que pretendió liberar al niño en este viaje en que nos encunetamos, en el cual él no participó (pero quién se lo puede negar ?, acaso esas cosas no suelen suceder ? y además bastaría con que uno de nostros se prestase a ello y lo ratificase) y lo metemos en la camioneta y decimos que huyendo de la persecución de los misioneros él se encunetó de regreso al centro del país ( en lo que sí estamos de acuerdo todos es que eso fue de ida) y de pronto un buen día aparece como el precursor de un movimiento de liberación indígena. Y si esto pudiere interesarle a más de uno y hay forma de establecerlo, entonces quién podrá negarlo. Lo demás es más fácil. Se busca el sitio, se hace un mural con una camioneta encunetada, se le pone un nombre, se...

miércoles, 21 de febrero de 2007

Fragmento de "El arte de joder".

Torè es hoy un campesino entrado en años que vive de eso que llamaban antes “echar tiritos” y más modernamente “matar tigres”. Su casa es un rancho cercano al mar y un día carga el motor de la lancha, otro carga la pesca de otro pescador y así se pasa la vida. En tiempo pasado fue taxista en las épocas buenas y ladronzuelo en las malas.
Se fue al campo e hizo allí su familia, muy numerosa por cierto, y se fajó duro para levantarlos y hacerlos hombres y mujeres de bien. Quería que hicieran la primaria, la secundaria y luego aprendiesen un oficio o lograsen una profesión que él no pudo tener. Estaba dispuesto a todo en ese objetivo.
Su felicidad fue inimaginable el día que el mayor de sus hijos se inscribió en el liceo cercano. Toré duplicó sus esfuerzos para comprarle los libros, el uniforme y asegurarle que tuviera para merendar y para el transporte. Pero la ilusión duró poco. A mitad del periodo escolar, su hijo mayor empezó a faltar al liceo cada vez con mayor frecuencia, hasta que un buen día no asistió más.
El padre trataba de convencerlo para que no perdiera el año, lo estimulaba, le prometía regalos, pero nada surtió efecto. Finalmente, Toré se resignó y empezó a correr la cuenta regresiva para que su hijo perdiera el año.
La madrugada de uno de los días en que el vencimiento del plazo estaba ya por cumplirse, Toré sintió un ruido extraño en la habitación de su hijo y fue a ver lo que pasaba. Su hijo ya se había lavado y se estaba vistiendo para salir, cuando su padre le preguntó:
¡ Hijo ¿ qué haces, para dónde vas a esta hora ?.
Toré se quedó casi mudo cuando oyó por respuesta que su hijo iba para el liceo.
“ ¿ Pa pa ra ra el li li ceo ? ”. - le repreguntó el padre tartamudeando, con una emoción que crecía a cada segundo, sintiendo que se le aceleraba el corazón.
“ ¡ Coño, hijo, que emoción me has dado, esto es increíble, yo sabía que tú no me harías eso, que estudiar es por tú bien, que si te gradúas de algo no vas a tener que pasar por todo lo que he pasado yo... , voy a despertar a tu mamá para darle la buena noticia ”.- y cuando ya Toré se había vuelto para llamar a su mujer, su hijo le dijo:“ Un momentico papá, achanta un pelo, yo no te dije que iba para el liceo donde hablan todas esas pajas locas, para donde voy es para el liseo, bueno, entiende para la pesca de la lisa, que ya empieza la temporada y ya ayer se vio una mancha y...”

miércoles, 24 de enero de 2007

De "Brújula": Digo

DIGO


Recuerdo la forma en que tratabas
de inventar tu camino.
Recuerdo la noche
en que pasó el cartero
que juró no volver.
Hicimos camino, digo.
Hago memoria
del dorso de tu mano
convertido en pañuelo.
De la luna sin menguante.
Del vago concierto de los pájaros.
De la eternidad de las sombras.
En fin, un camino. Eso digo.